La ciencia detrás de los rescates milagrosos en terremotos: ¿Por qué algunas personas sobreviven por días bajo los escombros?

Alejandra Jiménez 12 agosto, 2026

Sobrevivir durante días bajo un edificio derrumbado parece imposible, pero existen casos documentados de personas encontradas con vida mucho después del terremoto

 ©EFE - La carrera contra el tiempo tras un terremoto.

Sobrevivir durante días bajo toneladas de concreto parece imposible, pero ha ocurrido. Después de algunos de los terremotos más devastadores, los equipos de rescate han encontrado personas con vida cuando parecía que ya no había esperanza. La explicación no está en un único factor ni existe un número de días que determine cuándo una persona deja de tener posibilidades: depende de una combinación de aire, agua, lesiones, temperatura y condiciones del espacio donde quedó atrapada.

Cuando un edificio se derrumba, la estructura no siempre se convierte en una masa compacta. Vigas, columnas, muebles y otros materiales pueden formar pequeños espacios que permiten a una persona permanecer relativamente protegida. Esas cavidades pueden convertirse en auténticas bolsas de aire.

Si, además, la víctima no sufrió una lesión mortal durante el colapso, las posibilidades de supervivencia pueden ser muy diferentes a las de alguien que quedó directamente aplastado.

Por eso, después de un terremoto, la búsqueda no termina necesariamente cuando pasan las primeras horas. Cada espacio entre los escombros representa un escenario distinto y, en circunstancias excepcionales, una persona puede continuar con vida durante varios días.

La pregunta que enfrentan los rescatistas no es solamente cuánto tiempo ha pasado desde el derrumbe, sino en qué condiciones quedó atrapada la persona.

¿Cómo puede quedar una persona viva entre toneladas de concreto?

La estructura del edificio puede ser determinante.

Cuando un inmueble colapsa, algunos elementos quedan apoyados entre sí y crean espacios vacíos. Una persona que termina dentro de una de estas cavidades puede evitar que el peso de toda la estructura recaiga directamente sobre su cuerpo.

Estos espacios pueden proporcionar algo todavía más importante: aire para respirar.

Los especialistas en búsqueda y rescate explican que adoptar una posición de protección durante un terremoto puede aumentar las posibilidades de crear un espacio de supervivencia. La recomendación conocida como “agacharse, cubrirse y sujetarse” busca precisamente reducir el riesgo de lesiones y proteger a la persona mientras ocurre el movimiento.

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Murat Harun Ongoren, coordinador de la Asociación Turca de Búsqueda y Rescate, ha señalado que adoptar una postura adecuada puede contribuir a generar un espacio de supervivencia o una “bolsa de aire”.

No significa que exista una posición capaz de garantizar la supervivencia. Cada derrumbe es diferente y un edificio puede seguir moviéndose después del primer colapso.

Pero cuando una víctima queda protegida dentro de un espacio relativamente estable, el escenario cambia.

El tamaño y las condiciones de esa cavidad pueden convertirse en la diferencia entre morir en los primeros minutos y permanecer con vida hasta que llegue un equipo de rescate.

¿Por qué el aire y el agua son tan importantes para sobrevivir?

Una vez que una persona queda atrapada, el organismo enfrenta un problema básico: necesita continuar obteniendo oxígeno y líquidos.

El aire disponible depende del tamaño del espacio donde quedó la víctima y de si existe algún intercambio con el exterior. Si la cavidad se encuentra completamente sellada, el oxígeno puede convertirse rápidamente en un problema.

El agua representa otro desafío. El cuerpo pierde líquidos de manera constante a través de la orina, la respiración y el sudor. El profesor Richard Edward Moon, especialista en cuidados intensivos de la Universidad de Duke, explicó que un adulto puede perder alrededor de 1.2 litros de agua al día por estas vías.

La cantidad exacta que una persona puede soportar sin beber depende de numerosos factores, por lo que no existe un número universal de días de supervivencia.

El calor puede acelerar la pérdida de líquidos, mientras que realizar movimientos innecesarios también consume energía y aumenta las necesidades del organismo.

Por eso, cuando una persona queda atrapada, conservar energía y evitar el pánico puede ser importante.

La comida, aunque también es necesaria, deja de ser la prioridad inmediata. Una persona puede pasar más tiempo sin ingerir alimentos que sin disponer de agua y oxígeno.

¿Qué lesiones pueden acabar con la vida de una persona atrapada?

El problema es que una persona puede quedar dentro de una bolsa de aire y aun así tener pocas posibilidades de sobrevivir debido a las lesiones sufridas durante el terremoto.

Los traumatismos craneales, lesiones en el pecho, hemorragias, fracturas graves y daños en órganos vitales pueden provocar la muerte incluso si la víctima permanece consciente después del colapso.

La pérdida importante de sangre es especialmente peligrosa porque reduce rápidamente la capacidad del organismo para mantener funcionando los órganos.

La doctora Jetri Regmi, funcionaria técnica del Programa Mundial de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, ha advertido que las personas con lesiones graves en la cabeza, columna o pecho pueden necesitar atención especializada para sobrevivir.

Esto explica por qué los primeros momentos después de un terremoto son tan importantes.

Los equipos de emergencia intentan localizar a las víctimas, pero también deben evaluar cómo acceder a ellas sin provocar nuevos derrumbes.

Encontrar a una persona con vida no significa que el rescate pueda hacerse de cualquier manera.

Los movimientos de los restos pueden modificar la presión que ejerce una estructura sobre el cuerpo y generar nuevas lesiones.

Y existe otro peligro que aparece precisamente cuando llega el momento de sacar a la víctima.

¿Por qué una persona puede morir después de ser rescatada?

Uno de los mayores riesgos médicos es el síndrome de aplastamiento. Puede aparecer cuando una persona permanece atrapada durante un periodo prolongado bajo materiales pesados que comprimen sus músculos. La presión provoca lesiones en los tejidos y altera el funcionamiento normal del organismo.

El problema puede agravarse cuando los rescatistas retiran los escombros y liberan de golpe la zona afectada.

El daño muscular puede provocar alteraciones metabólicas y problemas renales potencialmente graves. El Comité Internacional de la Cruz Roja identifica el síndrome de aplastamiento como una de las complicaciones importantes asociadas con personas atrapadas bajo estructuras colapsadas después de terremotos.

Por eso, el rescate no termina cuando la persona sale de los escombros.

Los equipos médicos deben valorar inmediatamente su estado, controlar las lesiones y prevenir complicaciones que pueden aparecer después de retirar la presión.

Esta es una de las razones por las que las operaciones de búsqueda y rescate requieren coordinación entre especialistas en estructuras, rescatistas, paramédicos y médicos.

La carrera contra el tiempo tiene dos etapas: encontrar a la persona y conseguir que sobreviva al rescate.

¿Cómo afectan el frío y el calor a una persona atrapada?

La temperatura también puede determinar cuánto tiempo puede resistir el organismo.

En condiciones de frío, una persona inmóvil puede desarrollar hipotermia, especialmente si está mojada o no cuenta con protección suficiente.

Durante los terremotos ocurridos en Turquía en febrero de 2023, las bajas temperaturas complicaron las labores de supervivencia de quienes quedaron atrapados.

El calor plantea un problema distinto. En un espacio cerrado y sin ventilación, una temperatura elevada puede acelerar la pérdida de líquidos y favorecer la deshidratación.

La situación puede ser todavía más complicada si la persona presenta heridas, fiebre o estrés físico.

Por eso, dos personas atrapadas durante el mismo terremoto pueden tener desenlaces completamente diferentes.

Una puede encontrarse dentro de un espacio relativamente protegido, mientras otra queda expuesta directamente al frío, al calor, al agua o a una estructura que continúa ejerciendo presión sobre su cuerpo.

El tiempo transcurrido es importante, pero las condiciones ambientales pueden cambiar por completo la ecuación.

 ©EFE

¿El estado mental también puede ayudar a sobrevivir?

Hay otro factor menos visible: la capacidad de mantener la calma.

Los expertos en rescate señalan que el pánico puede llevar a una persona atrapada a realizar movimientos innecesarios, gritar continuamente o gastar rápidamente la energía disponible.

Murat Harun Ongoren ha destacado la importancia del autocontrol en estas situaciones. La idea no es ignorar el miedo —una reacción natural ante una emergencia—, sino intentar controlar la respiración, ahorrar energía y concentrarse en las posibilidades de supervivencia.

También puede ser importante intentar hacer señales cuando exista una posibilidad de que los equipos estén cerca.

Golpear de manera controlada una estructura, utilizar un teléfono si se dispone de él o emitir señales cuando se escuchen rescatistas puede ayudar a revelar la ubicación.

Pero hacerlo constantemente también puede consumir energía.

Por eso, sobrevivir bajo los escombros es una batalla física y mental.

¿Cuáles son los rescates más sorprendentes después de un terremoto?

La historia de los terremotos contiene casos que parecen desafiar los límites de la supervivencia.

En 1995, después de un terremoto en Corea del Sur, un hombre fue encontrado con vida 10 días después de quedar atrapado. Según los reportes de la época, logró mantenerse con vida bebiendo agua de lluvia y manteniéndose mentalmente ocupado con un juguete infantil.

En Bangladesh, una mujer fue localizada 17 días después del derrumbe de una fábrica en 2013. La sobreviviente contó que había escuchado durante varios días a los equipos de rescate y que intentó llamar su atención golpeando los restos con objetos.

En Haití, después del terremoto de enero de 2010, también se registraron rescates extraordinarios. Un hombre fue encontrado con vida 12 días después de quedar atrapado bajo las ruinas de una tienda.

Incluso existen casos todavía más extremos. En Pakistán, una mujer fue localizada con vida semanas después del terremoto de Cachemira de 2005.

Pero estos ejemplos deben entenderse en su contexto.

No significan que una persona pueda sobrevivir normalmente durante 10, 17 o más días sin agua o atención médica. Son casos excepcionales en los que se combinaron condiciones muy particulares.

Precisamente por eso resultan tan importantes para los equipos de rescate: demuestran que el paso del tiempo, por sí solo, no siempre permite descartar la posibilidad de encontrar vida.

 ©EFE

¿Cuándo dejan de buscar sobrevivientes bajo los escombros?

No existe un momento universal en el que todos los equipos deban abandonar una búsqueda.

La continuidad de las operaciones depende de las condiciones del edificio, la seguridad de los rescatistas, la información disponible sobre las personas desaparecidas y las señales que puedan encontrarse entre los restos.

En grandes desastres, las primeras horas son consideradas críticas, pero las posibilidades de supervivencia no desaparecen automáticamente al cumplirse un determinado número de horas.

La Organización de las Naciones Unidas ha señalado que los equipos internacionales de búsqueda y rescate suelen considerar los primeros días como una etapa especialmente importante y pueden modificar sus operaciones conforme disminuyen las posibilidades de encontrar sobrevivientes.

Aun así, los rescates extraordinarios demuestran por qué resulta peligroso establecer un límite rígido.

Mientras existan indicios de que puede haber una persona con vida, los equipos pueden continuar trabajando siempre que las condiciones de seguridad permitan hacerlo.

¿Existe un número máximo de días para sobrevivir bajo los escombros?

No. No existe una cifra que pueda utilizarse como regla para determinar cuánto tiempo puede sobrevivir una persona atrapada.

La supervivencia depende de una combinación de factores: aire disponible, agua, temperatura, lesiones, posición del cuerpo, espacio de protección, estado físico y capacidad de los equipos para localizarla.

Por eso, cuando un terremoto derrumba un edificio, el reloj comienza a correr, pero no funciona igual para todas las víctimas.

Algunas pueden morir en los primeros minutos por lesiones incompatibles con la vida. Otras pueden permanecer atrapadas durante horas y necesitar atención urgente. Y, en circunstancias excepcionales, una persona puede resistir durante varios días hasta escuchar finalmente las voces de quienes están buscando entre los escombros.

Esos rescates parecen milagrosos porque lo son en el sentido más humano de la palabra. Pero detrás de ellos existe una explicación científica: cuando se combinan las condiciones adecuadas, el cuerpo humano puede resistir mucho más de lo que parece posible.

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