¿Dónde están los padres de “Los Cuates” de Torreón? Revelan qué pasó con la familia tras ataque en secundaria

Metzli Escalante 2 octubre, 2026

“Muchas veces les dijimos”: Familiares y vecinos relatan cómo quedó la casa de "Los Cuates" tras el ataque en la Secundaria 13 de Torreón

 ©Especial. - “Los Cuates” de Torreón.

Los familiares de Carlos y David, los gemelos de 18 años conocidos como “Los Cuates”, abandonaron la vivienda donde residían en el ejido La Unión, en Torreón, después del ataque en la Secundaria General Número 13, según testimonios de vecinos. Cuando elementos del Grupo de Reacción Torreón y de la Fiscalía llegaron para realizar diligencias, ya no encontraron a nadie.

Los reportes indican que los padres se fueron del ejido y no habían tenido contacto con la Fiscalía ni con otra autoridad.

En la comunidad, el abandono de la casa ocurrió después de una mañana que dejó a Nery Edith, la subdirectora de la secundaria, sin vida y a un alumno y un profesor gravemente heridos. Los dos hermanos fueron detenidos y la Fiscalía General del Estado de Coahuila (FGEC) investiga el móvil de la agresión.

Mientras los vecinos recuerdan cómo eran los jóvenes antes del ataque, un familiar los señaló públicamente y aseguró que, durante meses, habían advertido a sus padres sobre conductas que les preocupaban.

La casa de “Los Cuates” quedó vacía después del ataque

Carlos y David vivían con su madre y su abuela en la llamada “calle de la Vulka”, dentro del ejido La Unión. Los vecinos describen el inmueble como una casa amplia que funcionaba prácticamente como una vivienda multifamiliar.

La mañana del jueves, de acuerdo con los testimonios recabados por Milenio, los hermanos salieron de allí con el rostro cubierto y armas punzocortantes. Minutos después irrumpieron en la secundaria.

Karina, vecina del sector, recordó que la abuela de los gemelos, conocida como doña Rosy, habría intentado seguirlos cuando salieron.

“Ella iba atrás de ellos”, relató.

Después de la agresión, la vivienda quedó prácticamente deshabitada. Según Karina, sus ocupantes se marcharon antes de que llegaran las autoridades.

“Luego luego se fueron todos. Ahí viven varias personas, es como una vecindad, pero ya se fueron todos. Luego vinieron los del GRT y Fiscalía, pero ya no había nadie”, contó.

Patrullas y vehículos oficiales recorrieron La Unión. Agentes del Grupo de Reacción Torreón (GRT) y de la Fiscalía acudieron al domicilio donde presuntamente residían los detenidos, pero no encontraron a sus familiares.

“Todos salieron”, resumió otro habitante.

Un familiar asegura que los padres recibieron advertencias durante meses

Después del ataque, un familiar directo de los hermanos hizo un pronunciamiento público para deslindar a la familia extendida y señalar lo que consideró omisiones y presunta negligencia de los padres.

En su testimonio sostuvo que los jóvenes no consumían alcohol ni drogas y afirmó que actuaron conscientemente. Estas declaraciones corresponden a su versión, no a una valoración médica.

“Buenas tardes, soy familiar de Los Cuates que hicieron eso en la secundaria en La Unión de Torreón y quiero expresar mi voz públicamente. Muchas veces les dijimos a sus papás que no estaban bien. No se drogan, no toman; lo hicieron conscientes y en sus cinco sentidos”.

Según su relato, las advertencias se hicieron durante meses, pero los padres rechazaban que existiera un problema.

“Muchos meses les dijimos a sus papás y decían que ‘no’, que nada más no eran entendidos de la sociedad, que ellos eran así y que así los dejáramos. Siempre andaban vestidos con cosas demoníacas y se juntaban con otros de motos que siempre decían cosas raras sobre dominar el mundo”, expresó.

El familiar también mencionó un presunto antecedente de incendio de una motocicleta que, según aseguró, no tuvo consecuencias disciplinarias dentro de la familia.

“Hace tiempo quemaron una moto en una casa y no se arrepentían de nada; les decíamos a sus papás y jamás les dijeron nada, siempre les solapaban todo (…) Incluso hasta se reían y les decían ‘curiosos’”.

 ©Especial. - Publicación en redes sociales.

Autolesiones, aislamiento y grupos digitales: los señalamientos del familiar

El mismo familiar aseguró que los hermanos presentaban conductas de autolesión y distanciamiento, que sus padres habrían minimizado reiteradamente.

“Ellos ya tenían heridas que ellos mismos se hacían, su mirada era fija, sin sentimientos. Incluso uno de ellos hacía dibujos y decía cosas extrañas. Estaban en un grupo en algún juego y después tenían grupos raros donde se escuchaban voces raras de otros lados. En las reuniones que hacíamos, ellos siempre se apartaban o se iban, nada más se salían en moto sin decir a dónde y llegaban con latas, cintas y siempre con cosas así”, señaló.

La información recopilada también los describe como jóvenes que permanecían apartados incluso de la familia y que solían desplazarse juntos en motocicleta.

Horas después del ataque, el fiscal estatal informó que los detenidos seguían a personas que habían perpetrado ataques similares en otras partes del mundo. Esa línea forma parte de la investigación sobre lo ocurrido en la secundaria.

“Estamos avergonzados”: la reacción de la familia extendida

El familiar expresó enojo y vergüenza por las consecuencias de la agresión. También atribuyó responsabilidad a los padres, aunque ese señalamiento corresponde a su testimonio y no a una determinación de las autoridades.

“Ahora, además, estamos avergonzados, y no solo eso: muy enojados porque dañaron a personas inocentes. También los papás son muy culpables, así como ellos (…) Ahí está lo que pasó por culpa de ellos también: personas sin vida y gente en el hospital”.

En La Unión, habitantes exigen justicia y el esclarecimiento de las presuntas omisiones previas al ataque. La información señala, además, que los padres se deslindaron de la situación y que nadie se acerca a ellos.

¿Cómo recuerdan los vecinos a Carlos y David?

Antes del ataque, en el ejido casi todos los conocían simplemente como “Los Cuates”. Eran poco vistos en las calles y, según vecinos y antiguos compañeros, apenas convivían con otros jóvenes. Casi siempre estaban juntos.

Karina relató que tenían discusiones frecuentes con su madre, pero fuera de casa mantenían poca relación con los demás habitantes.

Lenin, de 19 años, los conoció cuando estudiaban en la primaria Agustín Melgar. Desde entonces, aseguró, permanecían apartados de sus compañeros.

“Siempre fueron apartados, nunca se juntaron con nadie”.

Mientras otros niños salían a jugar y convivían, los gemelos se mantenían juntos.

“Siempre andaban juntos ellos dos”.

Después de la primaria, Lenin perdió contacto con ellos. Volvió a encontrarlos en las calles del ejido a principios de 2026. “Ya empezaban a salir, pero igual de raros como siempre”, relató.

También recordó que solían vestir de negro y conservar la distancia con otros habitantes. “Dicen que habían estado en un anexo, pero no se veían drogadictos, más bien no se juntaban con nadie, así todos raros”.

Las autoridades no han confirmado la supuesta estancia de los hermanos en un centro de rehabilitación ni han establecido públicamente que el aislamiento descrito por los vecinos tenga relación con el ataque.

Para Lenin, lo que había observado durante años no hacía imaginar lo que sucedería en la secundaria.

“Yo, la neta, aquí todos en el barrio nos juntábamos y pues ellos no se juntaban con nadie”, expresó.

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La Fiscalía investiga el móvil mientras la comunidad exige respuestas

El ataque dejó una mujer muerta y dos personas gravemente heridas, entre ellas un alumno y un profesor, además de estudiantes que huyeron entre gritos y confusión.

Carlos y David quedaron detenidos. La Fiscalía General del Estado de Coahuila busca determinar qué los llevó a ingresar a la secundaria y atacar a quienes estaban dentro.

En La Unión permanecen las preguntas sobre lo ocurrido y sobre las advertencias que, según un familiar, recibieron sus padres. La casa donde vivían quedó vacía y los testimonios disponibles no establecen el paradero actual de sus familiares.

Los vecinos recuerdan a dos hermanos que durante años caminaron juntos y hablaron poco con los demás. Ahora, sus nombres están asociados con el ataque que interrumpió la rutina de la secundaria y dejó a la comunidad buscando respuestas.

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