“El Mogli”: ¿A qué se enfrenta la madre de Ulises "N" al denunciarlo por homicidio en Milpa Alta?

Metzli Escalante 20 enero, 2026

El caso de Ulises Enrique "N", "El Mogli": Raquel "N", la madre que entregó a su hijo tras privar de la vida a un hombre

 ©Especial. - Ulises Enrique "N", “El Mogli”.

Milpa Alta dejó al descubierto una de las aristas más complejas de la violencia: no solo la del crimen, sino la de quienes deciden romper el silencio. Raquel “N” jamás imaginó que un mensaje de WhatsApp cambiaría su vida para siempre. En la pantalla de su teléfono apareció un video enviado por su propio hijo, Ulises Enrique “N”, "El Mogli", de apenas 18 años. No era un mensaje cualquiera: el joven se grabó confesando que había degollado a una persona.

El envío fue un error. Pero la decisión de su madre fue consciente. Con ese material como prueba, Raquel acudió de inmediato ante un Ministerio Público de la Ciudad de México. Su denuncia activó un operativo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que condujo a los agentes hasta el Deportivo San Agustín Ohtenco, en la alcaldía Milpa Alta. Ahí fue localizado el cuerpo sin vida de un hombre con heridas provocadas por un arma punzocortante.

Las imágenes, que más tarde se filtraron en redes sociales, muestran a Ulises presumiendo el crimen frente a la cámara. En el video se autodenomina sicario, afirma tener apenas 18 años y habla de “favores” realizados para otros. También menciona que es originario de Tláhuac y que se dedica a “limpiar” rateros y delincuentes, aunque reconoce que aún le falta “El Barrabás”.

 ©Especial. - Ulises Enrique “N”.

Horas antes del homicidio, el joven había pedido permiso a su madre para acudir a un concierto. Ella se negó. Aun así, Ulises salió de casa. La versión que intentó difundir después sobre que la víctima era un presunto ladrón, fue desmentida por las propias investigaciones.

Cámaras de seguridad revelaron que Ulises, conocido como “El Mogli”, caminaba abrazado con la víctima antes del ataque. No hubo asalto, ni forcejeo, ni enfrentamiento. El hombre asesinado, presuntamente en situación de calle, no representaba una amenaza. El crimen fue gratuito. La narrativa violenta fue una construcción posterior para justificar lo injustificable. La Fiscalía capitalina ya detuvo al joven.

Pero mientras el proceso judicial avanza, una pregunta inquietante permanece: ¿qué tipo de peligro enfrenta la madre que decidió denunciar a su propio hijo?

 ©Especial. - “El Mogli” con la víctima.

Los riesgos reales tras romper el silencio

Denunciar un delito cometido por un hijo no es un acto de traición, sino una de las decisiones más difíciles y valientes que puede tomar una madre. En contextos atravesados por la violencia, el silencio suele presentarse como una forma de protección; sin embargo, callar también puede convertirse en una condena prolongada, tanto para la víctima como para quien encubre sin quererlo.

Al acudir a las autoridades, la madre de Ulises Enrique “N” colocó por delante un principio fundamental: la vida y la legalidad están por encima de cualquier vínculo, incluso del más profundo. Su decisión no solo permitió que el crimen fuera investigado, sino que evitó que la violencia escalara y que su propio hijo continuara por un camino que podía terminar en más muertes o en una sentencia aún más grave.

No obstante, en contextos locales como el sur de la CDMX, denunciar un delito violento no es un acto neutro. La madre de Ulises “N” no asumió culpabilidad legal alguna, pero sí quedó expuesta a riesgos concretos.

1. Posibles represalias directas

Si el crimen tuviera vínculos con terceros, redes criminales locales o intereses territoriales, quien denuncia puede ser vista como una amenaza. En comunidades cerradas como Milpa Alta, romper el silencio puede convertir a una persona en blanco de intimidación o castigo ejemplar.

2. Violencia indirecta e intimidación

El peligro no siempre es inmediato ni físico. Amenazas verbales, mensajes anónimos, vigilancia, hostigamiento o presión comunitaria son formas comunes de intimidación que buscan castigar la “traición” o forzar el silencio.

3. Riesgo legal secundario

Aunque denunciar no convierte a la madre en responsable del delito, sí puede implicar citatorios, interrogatorios prolongados o incluso intentos de desacreditarla como supuesta encubridora si la narrativa pública se distorsiona. Sin asesoría legal, la vulnerabilidad aumenta.

4. Aislamiento y estigmatización social

En comunidades pequeñas, el delito no se queda en el individuo. Las familias cargan con el estigma, pierden redes de apoyo y enfrentan señalamientos morales. Este aislamiento también constituye una forma de violencia silenciosa.

5. Daño emocional y psicológico

La culpa, el miedo, la exposición mediática y las amenazas constantes pueden provocar crisis de ansiedad, depresión o decisiones impulsivas que incrementen el riesgo personal. Este impacto suele ser subestimado, pero es determinante.

Aunque el riesgo existe y la presión social puede ser abrumadora, la denuncia sigue siendo una herramienta clave para frenar la violencia y fortalecer el Estado de derecho.

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Factores que influyen en el nivel de peligro

El riesgo aumenta cuando se trata de un delito violento, existen posibles implicados libres, hay alta cobertura mediática o no se brindan medidas de protección institucional. Por el contrario, disminuye si las autoridades actúan de forma temprana, se activan esquemas de protección a testigos, se mantiene un bajo perfil mediático y existe una red familiar sólida fuera de la zona.

Una decisión con costos invisibles

Raquel “N” no es responsable del homicidio, pero su decisión de denunciar expone una verdad: en muchos contextos, hacer lo correcto tiene un precio. El mayor peligro no siempre es inmediato ni espectacular, sino progresivo: la suma de amenazas, presiones, aislamiento y desgaste emocional.

El caso de “El Mogli” no solo revela cómo la ficción criminal y la búsqueda de notoriedad pueden desembocar en violencia real, sino también cómo la justicia, cuando llega, deja a los denunciantes caminando en una delgada línea entre el deber moral y el riesgo personal.

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