Lo que hay detrás de la polémica de “Beto”, el reo viral por su testimonio en podcast
El debate que encendió el relato de “Beto” por sus confesiones en el podcast "Penitencia": por qué su historia provocó indignación y empatía
El nombre de “Beto” se volvió tendencia en redes sociales tras la difusión de un episodio del podcast Penitencia, conducido por la activista Saskia Niño de Rivera.
El capítulo, protagonizado por un hombre de 36 años identificado como Alberto, desató una tormenta digital: confesiones de delitos graves, acusaciones sin respaldo judicial contra figuras públicas y un debate que dividió opiniones entre empatía, indignación y cuestionamientos éticos.
Él es “Beto”, el reo del podcast
En el episodio, Alberto, condenado a 72 años de prisión por el secuestro de familiares de un delegado en la Ciudad de México (CDMX), narra su historia desde la infancia hasta su captura.
Habla con serenidad. Describe una niñez marcada por la violencia extrema. Afirma que fue adoptado a los cinco años por una pareja que lo encadenaba junto al perro de la casa y que su padrastro abusaba de él de manera reiterada. Sostiene que su madrastra guardaba silencio pese a las evidencias.
“¿Cómo no me iba a creer si veía las manchas de sangre en el colchón?”, dice en la entrevista, incluso entre risas, en uno de los fragmentos más perturbadores.
A los seis años escapó y vivió en situación de calle. Su “hogar” fueron las coladeras de la CDMX. De Tacubaya se trasladó a La Merced. Se integró a un grupo de hombres mayores que, según relata, le enseñaron a leer y escribir a cambio de conseguir droga y alimento.
Más adelante, asegura que fue privado de la libertad junto con otros menores por un grupo al que identificó como un “Escuadrón de la Muerte”. Afirma haber sido llevado incluso a la Cámara de Diputados, donde, según su versión, comenzó a trabajar para personas vinculadas al gobierno, lo que marcaría el inicio de su trayectoria criminal.
Hasta ahora, no existen investigaciones oficiales ni resoluciones judiciales que respalden estas afirmaciones. Todo proviene exclusivamente de su testimonio en el programa.
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— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) March 2, 2026
De víctima a victimario: sus confesiones más graves
Durante la conversación, Alberto asegura que participó en el robo de menores desde su infancia y adolescencia. Explica que su apariencia de niño le permitía acercarse a víctimas bajo el argumento de que “estaba perdido”, facilitando secuestros.
También relató que torturó y asesinó a su padrastro como venganza, “para que ya no lastimara a ningún niño”.
Afirmó que vivió en un departamento en Polanco, conducía autos de lujo y recibía grandes cantidades de dinero en efectivo, aunque regresaba a las coladeras para ayudar a quienes seguían en la calle.
Uno de los momentos que detonó la mayor polémica fue cuando mencionó a la fallecida actriz Carmen Salinas como presunta compradora de menores para rituales. En el episodio se censuraron otros nombres de supuestos famosos y políticos, argumentando razones de seguridad para la producción.
No hay pruebas ni procesos judiciales que respalden esos señalamientos.
La reacción de la familia de Carmen Salinas
Tras la viralización del episodio, María Eugenia Plascencia Salinas, hija de la actriz, expresó su molestia en entrevista con el periodista Gustavo Adolfo Infante.
“Es una mentira”, afirmó tajante. Cuestionó que se difundieran acusaciones sin sustento y defendió la imagen de su madre, a quien describió como solidaria y profundamente católica.
Consideró que no debió darse espacio a un señalamiento “imposible” y lamentó que se generara una situación innecesaria en torno a la memoria de la actriz.
¿Periodismo documental o morbo?
Ante la ola de críticas, Saskia Niño de Rivera defendió el enfoque de Penitencia, asegurando que se trata de un espacio documental cuyo objetivo es analizar las raíces de la violencia y comprender cómo se construye un agresor, no un programa de entretenimiento.
Pidió no perder de vista el fondo del episodio: las condiciones de abandono, abuso y violencia que, según su planteamiento, marcan la infancia de muchas personas privadas de la libertad.
Incluso compartió una imagen junto a Alberto acompañada de la frase: “Ladran, Sancho. Señal que avanzamos”. Sin embargo, la discusión pública se fragmentó.
Algunos usuarios expresaron compasión por el “niño herido” que, dicen, nadie protegió. Otros advirtieron que comprender el trauma no puede traducirse en justificar delitos.
“Ver al niño que sufrió no borra a los niños que sufrieron por sus actos”, escribieron críticos del episodio.
“El dolor explica el origen, pero no autoriza la violencia”, se convirtió en una de las frases más repetidas.
El debate: empatía, responsabilidad y víctimas invisibles
Colectivos feministas y usuarios en redes subrayaron que centrar la conversación en el agresor puede invisibilizar a las víctimas de los delitos que él mismo confesó.
Para algunos, el episodio abrió una conversación necesaria sobre abandono infantil, redes criminales y la posible colusión de autoridades. Para otros, cruzó una línea ética al difundir acusaciones no verificadas y al colocar el foco en el victimario sin dar rostro a quienes resultaron dañados.
Una historia que divide al país
La polémica de “Beto” no solo gira en torno a la veracidad de sus dichos, sino a una pregunta más profunda: ¿hasta dónde debe llegar el periodismo cuando se trata de escuchar a un agresor?
Su historia expone una realidad brutal: miles de niños en México viven violencia, abandono y abuso. Pero también confronta otra verdad incómoda: el trauma no puede convertirse en licencia para dañar.
Mientras algunos abrazan al “niño herido”, otros exigen memoria y justicia para las víctimas.
El episodio de Penitencia logró lo que pocos contenidos consiguen: abrir una conversación nacional sobre violencia, responsabilidad y ética mediática. Pero también dejó claro que, cuando se trata de historias tan crudas, la línea entre comprender y romantizar puede ser peligrosamente delgada.
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