Armas, redes sociales y referentes violentos: las similitudes y diferencias en los ataques escolares que sacuden a México
El ataque más reciente ocurrió en una secundaria de Torreón, donde Carlos y José “N”, conocidos como “Los Cuates”, ingresaron armados y asesinaron a una mujer
Un ataque dentro de la Secundaria General Número 13 “General Eulalio Gutiérrez”, registrado este 1 de octubre, sacudió a Torreón, Coahuila. Dos hermanos de 18 años, identificados como Carlos y José “N”, conocidos como “Los Cuates”, ingresaron al plantel del que eran exalumnos presuntamente armados con objetos punzocortantes y petardos. La agresión dejó muerta a Leslie Edith, subdirectora de la escuela, además de cuatro personas lesionadas.
Sin embargo, uno de los primeros hallazgos de la investigación abrió una discusión que va mucho más allá de Coahuila, pues los jóvenes presuntamente seguían en redes sociales a responsables de atentados cometidos en otros países y los consideraban figuras a seguir.
No es la primera vez que un ataque dentro de una escuela mexicana deja detrás un rastro digital. En septiembre de 2025 ocurrió con Lex Ashton en el CCH Sur de la UNAM; seis meses después volvió a aparecer en el caso de un adolescente que asesinó a dos maestras en una preparatoria de Michoacán. Los episodios son distintos, pero comparten elementos que durante décadas han sido estudiados en Estados Unidos, acceso a armas, fascinación por agresores anteriores, exposición a comunidades violentas y señales publicadas en internet antes de los ataques.
Lo que no se vio en el video del ataque en secundaria de Torreón: Los patrones en escuelas de Querétaro y Coahuila https://t.co/OnT8Ty4WkO
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) October 1, 2026
Las armas cambian, pero la violencia se repite
México todavía está lejos de la dimensión que tiene la violencia escolar armada en Estados Unidos. Incluso allá, los ataques con múltiples víctimas representan una fracción de la violencia que afecta a los jóvenes. Sin embargo, los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestran una característica particularmente relevante: entre 1994 y 2018, 95% de los homicidios escolares con múltiples víctimas fueron cometidos con armas de fuego.
De acuerdo con el mismo sistema de vigilancia, las utilizadas en homicidios y suicidios relacionados con escuelas procedían principalmente del hogar del agresor o de amigos y familiares. Es decir, la disponibilidad del arma puede convertirse en una pieza determinante para transformar una intención violenta en un ataque con capacidad de provocar numerosas víctimas.
Lex Ashton utilizó un arma blanca durante el ataque del CCH Sur. Los dos hermanos de Torreón emplearon armas punzocortantes y petardos. Pero el caso ocurrido el 24 de marzo de 2026 en Lázaro Cárdenas, Michoacán, mostró qué ocurre cuando aparece también un arma de alto poder.
Osmar “N”, de 15 años, ingresó a la preparatoria Antón Makárenko con un rifle AR-15 calibre 5.56 oculto dentro de un estuche de guitarra. Disparó contra dos maestras y ambas murieron. La Fiscalía de Michoacán comenzó entonces a investigar no solamente el origen del arma, sino también la actividad que el adolescente había dejado en internet.
Él es Alexis, de 13 años: Perdió una mano durante el ataque de “Los Cuates” en Secundaria 13 de Torreón https://t.co/dHDmh9BqMX
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) October 1, 2026
De las armas a las comunidades digitales
La investigación de Michoacán llevó a otro terreno. Las autoridades señalaron que el adolescente se identificaba con comunidades conocidas como “incel”, abreviatura de “célibes involuntarios”, espacios digitales en los que pueden coexistir discursos de resentimiento, misoginia y, en sus sectores más radicalizados, reivindicaciones de violencia.
El término ya había entrado con fuerza en la conversación mexicana después del caso de Lex Ashton. El 22 de septiembre de 2025, el joven de 19 años ingresó encapuchado y armado con un cuchillo al CCH Sur, donde asesinó al estudiante Jesús Israel, de 16 años, e hirió a un trabajador. Su actividad digital y las ideas extremistas que compartía provocaron que la investigación y el debate público voltearan hacia estos espacios de internet.
Incluso después del crimen ocurrió algo significativo, aparecieron mensajes en redes sociales que expresaban apoyo al presunto agresor, vinculados con usuarios que reivindicaban contenidos incel. El fenómeno mostró que internet no solamente puede funcionar como espacio para consumir violencia, sino también para construir comunidades alrededor de quienes la ejercen.
🔴 Así fue el momento en que detuvieron a los agresores que arrojaron b*mbas molotov esta mañana en una secundaria en Torreón.
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) October 1, 2026
Al momento se reporta una persona sin vida y tres personas heridas. pic.twitter.com/hifU38rL2l
El efecto de imitación que preocupa desde Estados Unidos
Estados Unidos lleva décadas intentando entender este fenómeno. Una de las preocupaciones alrededor de los ataques escolares es la posibilidad de que algunos agresores estudien, admiren o intenten reproducir elementos de ataques anteriores, convirtiendo a sus autores en referentes dentro de determinados espacios digitales.
El fiscal de Coahuila, Federico Fernández Montañez, informó que los dos detenidos tenían entre sus pertenencias referencias relacionadas con personas que habían cometido ataques en otros países. “Ellos hacen referencia a personas de otras latitudes que en su momento cometieron atentados como estos en otras partes del mundo”, declaró.
Las autoridades investigan incluso si los hermanos tuvieron contacto con personas de otros estados que consumieran contenidos similares o intentaran integrarse a grupos con esos intereses. Hasta ahora no se ha establecido la existencia de una red organizada ni que los jóvenes recibieran instrucciones de terceros.
Un día antes del ataque en Torreón, Querétaro también encendió las alertas por un episodio de violencia dentro de una escuela. El 30 de septiembre, un estudiante de 13 años ingresó con dos cuchillos a la Secundaria Esperanza Cabrera, en la capital del estado, y atacó a cuatro personas: dos alumnos, un docente y una trabajadora administrativa.
Las víctimas fueron trasladadas para recibir atención médica y se reportaron fuera de peligro. Tras la agresión, autoridades comenzaron a investigar las circunstancias que rodearon el caso, mientras versiones difundidas en medios locales apuntaron a una posible relación con retos o contenidos vistos en redes sociales, una línea que hasta ahora no ha sido confirmada oficialmente.
Pero, el problema tampoco se limita a una plataforma o una ideología concreta. En 2025, el FBI estadounidense lanzó una alerta por el crecimiento de redes violentas en línea que buscan específicamente a menores y personas vulnerables. Algunas utilizan manipulación, amenazas y extorsión para empujar a sus víctimas hacia conductas violentas o autodestructivas.
¿Quién es la víctima del ataque de "Los Cuates" en la Secundaria 13 de Torreón? Ella es la subdirectora que evitó una tragedia mayor https://t.co/1q7DMxaRqb
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) October 1, 2026
Las señales que quedan antes de un ataque
Las redes sociales introdujeron además una diferencia respecto de décadas anteriores pues parte de las señales puede quedar registradas públicamente.
Osmar mostró el rifle antes de asesinar a sus maestras en Michoacán. Lex Ashton había dejado una actividad digital que posteriormente fue examinada por investigadores y medios. Ahora, en Torreón, las autoridades encontraron referencias a atacantes extranjeros entre las pertenencias y actividad de los dos detenidos.
Los antecedentes estadounidenses muestran por qué esas señales importan. Según los CDC, casi la mitad de los responsables de homicidios escolares analizados habían dado alguna advertencia antes del ataque, ya fuera mediante una amenaza, una nota u otra señal.
Autoridades reconocen que las amenazas difundidas mediante redes sociales se han convertido en un desafío específico para las escuelas, porque obligan a distinguir entre bromas, amenazas falsas y advertencias que pueden anticipar violencia real.
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