Así son las extorsiones a las ligas amateur de futbol por el crimen organizado en Salamanca

Alejandra Jiménez 27 enero, 2026

La masacre en un campo de futbol de Salamanca, Guanajuato, expuso un esquema de extorsión sistemática del crimen organizado contra ligas deportivas comunitarias,

 ©Especial - De acuerdo con testimonios, las ligas amateur en Salamanca comenzaron a recibir amenazas desde inicios de enero.

El ataque armado que dejó 11 muertos y al menos seis heridos en una cancha de futbol amateur de Salamanca, Guanajuato, sacó a la luz un fenómeno que desde hace meses avanza en silencio: la extorsión del crimen organizado a ligas deportivas comunitarias, presionadas por grupos como el CJNG y el Cártel de Santa Rosa de Lima (CSRL).

La masacre que rompió el silencio

La tarde del domingo 25 de enero, al término de un partido de semifinales en la comunidad de Loma de Flores, hombres armados irrumpieron en el campo deportivo y dispararon de manera indiscriminada contra jugadores, organizadores y asistentes.

El saldo fue uno de los más letales registrados en un evento deportivo amateur en Guanajuato: 11 personas asesinadas y varios heridos, en un ataque que ocurrió frente a familias, niños y vecinos que acudieron a presenciar el encuentro.

Aunque la agresión fue atribuida a la disputa territorial entre el CJNG y el CSRL, el contexto previo revela una presión criminal sostenida contra las ligas locales.

Así funcionan las extorsiones a ligas de futbol amateur

De acuerdo con testimonios recabados por medios locales, las ligas amateur en Salamanca comenzaron a recibir amenazas desde inicios de enero. El esquema es recurrente:

Los grupos criminales exigen cuotas mensuales —de hasta 50 mil pesos— a cambio de permitir la realización de partidos. El pago no solo se impone a los organizadores, sino también a árbitros, vendedores y, en algunos casos, a los propios equipos.

La negativa suele traducirse en amenazas directas, ataques armados o la irrupción violenta en los encuentros, como ocurrió en Loma de Flores.

Suspensión de torneos y canchas abandonadas

Antes de la masacre, al menos tres ligas locales —la Liga de Veteranos, la Liga Salmantina y la Liga Regional Campesina— ya habían suspendido actividades por falta de condiciones de seguridad.

Campos deportivos en zonas como Los Campos Nuevos o la comunidad de Cárdenas quedaron vacíos, con gradas cerradas y accesos con candado. En algunos casos, los espacios se convirtieron en lugares de memoria, con cruces, flores y balones colocados en honor a víctimas de ataques previos.

“Ya no es solo dejar de jugar, es dejar de reunirse”, relató un jugador veterano. “El futbol era lo único que nos quedaba como comunidad”.

 ©Especial

Seguridad privada: una solución que agravó el riesgo

Ante la ausencia de vigilancia policial, algunas ligas optaron por contratar seguridad privada para reanudar partidos. Sin embargo, esta medida resultó contraproducente.

Autoridades confirmaron que parte del personal armado que resguardaba el partido en Loma de Flores tenía vínculos con grupos criminales, lo que convirtió al evento deportivo en un objetivo dentro de la disputa entre cárteles.

La presencia de escoltas no disuadió la violencia: la atrajo.

El futbol como reflejo del control territorial

Especialistas en seguridad consultados por autoridades locales señalan que el futbol amateur representa un punto estratégico para el crimen organizado: concentra gente, dinero informal, apuestas y control social.

Extorsionar ligas deportivas no solo genera ingresos ilícitos, sino que refuerza el dominio territorial y envía mensajes de poder a la comunidad.

“El mensaje es claro: nada se mueve sin permiso”, resumió un funcionario estatal bajo condición de anonimato.

Autoridades prometen coordinación, pero el miedo persiste

La Fiscalía General de Guanajuato aseguró que la investigación por la masacre avanza con apoyo de fuerzas federales. La gobernadora Libia Denisse García calificó el ataque como “inadmisible”, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció coordinación institucional.

Sin embargo, en Salamanca, las canchas siguen vacías.

A días del ataque, las ligas amateur continúan suspendidas, y el futbol —uno de los principales espacios de convivencia social— permanece detenido por una razón ajena al deporte: el miedo.

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