Conchita buscó 10 años a su hijo y no podrá sepultarlo; el Semefo lo tenía, pero sus restos ya no existen
Conchita Belmontes buscó durante casi 10 años a su hijo Juan Antonio Olmeda, desaparecido en Zapopan; el IJCF informó que los restos ya no existen porque fueron agotados durante los análisis
Conchita Belmontes buscó a su hijo durante casi una década sin saber que los restos de Juan Antonio Olmeda Belmontes habrían estado bajo resguardo forense desde 2016. La madre recorrió hospitales, fiscalías, colectivos, cerros y fosas clandestinas en Jalisco, hasta que recibió una identificación genética; sin embargo, después fue informada de que ya no hay restos que entregar para darle sepultura.
Juan Antonio desapareció el 26 de junio de 2016 en la colonia Jocotán, en Zapopan. Tenía 36 años y trabajaba como albañil. Su madre relató que desde las primeras horas comenzó a buscarlo en hospitales, Cruz Verde, Cruz Roja, dependencias policiales y oficinas forenses, sin recibir durante años una respuesta clara sobre su paradero.
La identificación fue confirmada por el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses mediante una coincidencia genética del 99.99 por ciento. Esa respuesta, que pudo significar el final de una búsqueda de casi 10 años, se convirtió en una nueva herida para la familia cuando el instituto informó que los restos de Juan Antonio ya no existen.
Por qué el Semefo le dijo a Conchita que los restos ya no existen
El Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses informó que los fragmentos óseos localizados eran pequeños y que fueron disueltos en ácido durante el proceso de análisis para lograr la identificación genética. Debido a ese procedimiento, los restos se agotaron en el laboratorio, por lo que la familia ya no recibiría un cuerpo para sepultarlo.
La autoridad forense explicó que, por la complejidad del caso, el perfil genético es lo único que se conserva. Los restos fueron relacionados con hallazgos realizados en 2016, cuando fueron localizados varios tambos con restos humanos en la colonia San Lorenzo, en El Salto, días después de la desaparición de Juan Antonio.
Juan Antonio habría estado años en el Semefo mientras su madre lo buscaba
El caso tomó fuerza porque Conchita aseguró que durante años buscó a su hijo sin saber que sus restos habrían ingresado al Servicio Médico Forense pocos días después de su desaparición. El hallazgo ocurrió cinco días después, pero la notificación a la familia llegó casi una década más tarde.
Esa distancia entre el hallazgo, la identificación y la notificación es una de las partes más sensibles del caso. Para Conchita, la confirmación genética no llegó acompañada de una entrega física, sino de la noticia de que no podrá despedir a su hijo con una sepultura.
El caso de Conchita y la crisis forense en Jalisco
La historia de Conchita se suma a los reclamos de familias buscadoras en Jalisco, donde se han documentado retrasos, identificaciones tardías y cuestionamientos al manejo de restos humanos. En este caso, el director del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, Axel Rivera, negó que hubiera indolencia institucional, aunque la familia mantiene dudas sobre el proceso y sobre por qué la información no llegó antes.
El caso también expone una dimensión menos visible de la desaparición: cuando la identificación no garantiza una entrega digna. Para las familias, recibir una respuesta después de años puede abrir otra etapa de dolor si no existe un cuerpo, restos o elementos suficientes para cerrar el duelo.
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