Los 7 errores que mataron a Eduardo Ochoa en Colima: Esquema de cobros del CJNG, silencio y extorsión

Metzli Escalante 26 marzo, 2026

El precio del plátano: 150 mil pesos y cómo controla el CJNG a los productores en Colima; lo que nadie ha dicho del secuestro y muerte de Eduardo Ochoa Arias

 ©Especial. - Eduardo Ochoa Arias.

El miedo no llegó de golpe. Se fue instalando, poco a poco, entre los surcos y bajo la sombra de los árboles de plátano en Colima. Un fruto esencial en la mesa de millones de mexicanos se convirtió en botín del crimen organizado, atrapado en una red de cuotas, amenazas y violencia. Ahí, en ese territorio marcado por la extorsión, se escribió la historia de Eduardo Ochoa Arias. Su secuestro y asesinato no fue un hecho aislado. Fue el desenlace de una cadena de errores… y de un sistema dominado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Error 1: operar en territorio controlado por el crimen

El 13 de marzo, en la comunidad de Cerro de Ortega, municipio de Tecomán, Eduardo Ochoa desapareció.

No era cualquier zona. De acuerdo con reportes de seguridad, ese territorio está bajo control de células del CJNG, dedicadas al secuestro y la extorsión del sector productivo. Incluso, pese a la presencia de fuerzas federales a menos de un kilómetro, los grupos criminales operan con libertad.

Testimonios indican que el empresario, director de la exportadora Ochoa Products, fue interceptado por hombres armados y privado de la libertad en plena vía pública.

Era una zona donde el crimen no se esconde. Domina.

Error 2: el silencio forzado de la extorsión

Una de las líneas de investigación apunta a un móvil claro: el cobro de piso.

Fuentes de seguridad señalaron a medios locales que Ochoa Arias era víctima de un esquema de extorsión que le exigía hasta 150 mil pesos semanales. Pero el sistema no se limita a una cuota.

En regiones como Tecomán, los productores agrícolas enfrentan pagos por cada etapa: producción, empaque, transporte y hasta por el tránsito de mercancías. El negocio ya no es solo la droga: también es la comida.

El plátano, como el aguacate, se convirtió en industria capturada.

Y en ese sistema, denunciar no siempre es opción.

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Error 3: una reacción tardía ante la desaparición

Durante más de una semana, familiares, trabajadores y amigos exigieron su localización.

El 20 de marzo convocaron a una manifestación. Aunque inicialmente plantearon bloquear la carretera Colima–Manzanillo, optaron por una protesta pacífica, sin afectar a terceros. Se concentraron con pancartas y lonas, pidiendo su regreso con vida.

Pero el tiempo jugaba en contra.

La respuesta institucional fue lenta. Y en contextos dominados por el crimen organizado, cada hora puede ser decisiva.

 ©Especial. - Protesta pacífica.

Error 4: el hallazgo que confirmó lo peor

El 21 de marzo, habitantes de la playa Boca de Apiza, en Coahuayana, reportaron el hallazgo de un cuerpo. Estaba a la orilla del mar.

Presentaba un disparo en el pecho. Estaba maniatado, envuelto en plástico y acompañado por una hamaca. El nivel de descomposición obligó a realizar pruebas genéticas.

Días después, el 24 de marzo, la familia confirmó la identidad.

La noticia se dio durante una misa en la parroquia de San Juan Pablo II. Su primo, el sacerdote Asahel Ochoa, lo anunció con una frase que marcó el cierre de la búsqueda:

“Es un hecho, ha sido identificado el cuerpo de Edy”.

 ©Especial. - Eduardo Ochoa Arias.

Error 5: la normalización de la violencia

El asesinato ocurrió en una región donde la violencia ya no sorprende. Colima se ha convertido en un punto estratégico para el crimen organizado, especialmente por el puerto de Manzanillo, clave para el ingreso de insumos utilizados en drogas sintéticas.

En la entidad operan el CJNG y el Cártel de Sinaloa, en una disputa constante por el control territorial. El resultado: asesinatos, desapariciones y extorsiones que ya forman parte de la vida cotidiana.

Incluso, desde esa misma zona se perpetró un ataque con coche bomba el 6 de diciembre de 2025 contra la policía comunitaria de Coahuayana, dejando muertos y evidenciando el nivel de violencia.

Error 6: impunidad estructural

Hasta ahora, no hay detenidos.

El caso de Eduardo Ochoa se suma a una crisis mayor. En 2025, Colima ha registrado más de mil 400 desapariciones, con un promedio de tres personas desaparecidas al día, según organizaciones civiles.

Municipios como Tecomán encabezan la lista. La impunidad no solo permite que los crímenes ocurran. Los repite.

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Error 7: un país rebasado por el crimen organizado

Lo ocurrido no es exclusivo de Colima.

México ocupó en 2025 el tercer lugar mundial en crimen organizado, según el Índice Global de Crimen Organizado, solo detrás de Myanmar y Colombia.

Los delitos más fuertes, drogas sintéticas, extorsión y tráfico de armas, alcanzan niveles críticos. La infiltración criminal en gobiernos, la debilidad judicial y la expansión de mercados ilícitos han colocado al país en una situación límite.

El mensaje detrás del crimen

El asesinato de Eduardo Ochoa no solo arrebató la vida de un empresario. Envió un mensaje.

En regiones controladas por el crimen organizado, producir, invertir o simplemente trabajar puede convertirse en una sentencia.

El miedo volvió a instalarse entre los plátanos.

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