Florida Flores salió a trabajar y, al volver, el padre de sus hijas ya se las había llevado a Panamá

Alejandra Jiménez 14 abril, 2026

La madre originaria de Tehuacán denuncia que tras la sustracción de sus hijas el caso ha estado plagado de omisiones institucionales, vacíos legales y el impacto emocional en menores incomunicadas

 ©Especial - Florida Flores Hernández asegura que no ha podido ver ni comunicarse libremente con sus hijas desde marzo.

La historia de Florida Flores Hernández se quebró en una sola línea de texto. Un mensaje breve, directo, sin explicación:

“Las niñas me las traje para Panamá”.

Era finales de marzo. Días antes, la mujer había salido de su casa para trabajar temporalmente en la Ciudad de México, dejando a sus hijas —de 14 y 6 años— bajo el cuidado de su padre, en lo que describe como un acuerdo habitual de convivencia.

Nada hacía prever lo que ocurriría después.

A su regreso, la casa estaba vacía. Los documentos oficiales habían desaparecido. Y sus hijas, según supo horas más tarde, ya estaban fuera del país.

Desde entonces, afirma, no ha vuelto a verlas.

Una despedida que nunca ocurrió

Florida insiste en un punto: nunca autorizó la salida del país.

Explica que en ocasiones anteriores, cuando alguno de los padres viajaba con las menores, se firmaban permisos notariales, como lo establece la práctica común en estos casos.

Esta vez —asegura— no ocurrió.

“Yo pude haber dicho sí o no. Pero ni siquiera me dieron esa oportunidad”, relata.

El último contacto que tuvo con sus hijas fue fragmentado, breve y —según describe— cargado de tensión.

“Se escuchaban nerviosas, como si alguien estuviera al lado. No hablaban con libertad”.

Desde entonces, los intentos de comunicación han sido constantes, pero infructuosos.

Silencio, redes sociales y señales de angustia

Sin contacto directo, Florida ha tenido que reconstruir la situación a partir de terceros: amistades, conocidos y publicaciones en redes sociales.

Uno de los elementos que más le inquieta es un mensaje atribuido a su hija mayor, quien habría expresado su deseo de regresar a México.

“Si la grande está sufriendo, no me imagino la pequeña”, dice.

La menor, recuerda, ya había manifestado temor antes de quedarse con su padre.

Aunque estos indicios no constituyen pruebas legales, para la madre son señales de alerta sobre el estado emocional de ambas niñas.

Un laberinto institucional

Tras recibir el mensaje, Florida inició un recorrido por diversas instancias:

  • Ministerio Público

  • Fiscalía estatal

  • Fiscalía especializada en desaparición

  • Embajadas

  • Asesoría jurídica

Sin embargo, describe el proceso como un laberinto burocrático.

“Me dijeron que no procedía porque la custodia es compartida, pero nunca hubo un acuerdo legal firmado”, afirma.

En un primer momento, su denuncia no fue recibida. Posteriormente, fue orientada a iniciar trámites que, asegura, no respondían a la urgencia del caso.

Incluso, señala que tuvo que trasladarse a otra entidad para intentar que su caso fuera atendido bajo otra figura legal.

Entre la desinformación y la incertidumbre legal

El caso pone sobre la mesa una problemática frecuente: la falta de claridad cuando no existen acuerdos formales de custodia.

Florida reconoce que su relación con el padre de sus hijas nunca derivó en un proceso legal que estableciera términos claros.

“Confié en que podíamos llegar a acuerdos como padres”, explica.

Esa decisión —dice ahora— la dejó en una situación de vulnerabilidad.

En su testimonio, Florida describe años de presunta violencia, física, psicológica, económica y sexual

Relata episodios de control, humillaciones y dependencia económica, así como un entorno en el que —afirma— ella asumía completamente el cuidado de las menores.

El punto de quiebre: trabajar y perderlo todo

La decisión de salir a trabajar unos días —algo que asegura había sido comunicado previamente— habría marcado el punto de quiebre.

“Fue la primera vez que dije: me voy a trabajar, hazte cargo de las niñas”.

Durante ese periodo, según su relato, el padre habría aprovechado para reunir documentos, organizar el traslado y salir del país con las menores.

Una madre contra el sistema

Florida no solo enfrenta la ausencia de sus hijas, sino también un entorno que —asegura— ha sido adverso:

  • Falta de atención institucional

  • Barreras económicas

  • Discriminación por origen indígena

  • Estigmatización social

“Dicen que por algo se las llevaron. ¿Cuál es ese algo?”, cuestiona.

Denuncia que muchas mujeres en situaciones similares no denuncian por miedo, desconocimiento o falta de recursos.

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"No quiero dinero, quiero a mis hijas”

A diferencia de otros conflictos legales, Florida insiste en que su exigencia es clara y única:

“No pido casas, no pido dinero, no pido terrenos. Solo quiero a mis hijas de regreso”.

Pide que su caso sea atendido con enfoque en los derechos de la infancia y no únicamente como un conflicto entre adultos.

El caso de Florida no es aislado. Especialistas han advertido que la sustracción parental internacional suele quedar en zonas grises legales, especialmente cuando no hay resoluciones judiciales previas.

Esto puede retrasar la respuesta institucional y prolongar la separación entre madres, padres e hijos.

Mientras tanto, Florida continúa.

Entre llamadas sin respuesta, trámites inconclusos y la incertidumbre diaria, su rutina se ha reducido a una sola misión: buscar a sus hijas. “Todos los días me levanto pensando en ellas… y todos los días me duermo sin saber cómo están”.

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