¿Puede pasar en México? De la riada en Nepal al Tren Maya, qué riesgos esconden los terrenos donde construimos

Metzli Escalante 28 agosto, 2026

¿Qué puede aprender México de una tragedia ocurrida al otro lado del mundo? En entrevista, la topógrafa Jessica Amador pone sobre la mesa construcciones como la del Tren Maya, que se desarrolló en una región con características geológicas particulares

 ©Del sitio. - Riada en Nepal y el Tren Maya.

La riada y el deslave registrados en la zona montañosa de Nepal muestran cómo la combinación de una topografía compleja, condiciones del terreno, agua, hielo y actividad humana puede incrementar los riesgos para las poblaciones. México enfrenta amenazas distintas, pero también tiene zonas vulnerables a inundaciones, deslaves, hundimientos, sismos y fenómenos asociados al mar. Para la topógrafa Jessica Amador, el principal aprendizaje es que conocer el terreno antes de construir resulta fundamental.

La tragedia ocurrida en Nepal vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que también importa para México: ¿qué tan vulnerable es una población cuando construye sobre terrenos cuyas características naturales no conoce o no considera adecuadamente?

Para Jessica Amador, quien actualmente trabaja en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) como apoyo en control terrestre dentro del área de fotogrametría, la respuesta está, en buena medida, en la relación entre la naturaleza del terreno y las construcciones humanas.

En entrevista con GuillermoOrtega.com, Amador explicó que el caso de Nepal debe analizarse desde las características particulares de su territorio, pero también puede servir para reflexionar sobre los riesgos que existen en distintas regiones de México.

¿Por qué Nepal es vulnerable a deslaves y riadas?

Nepal se caracteriza por tener un territorio predominantemente montañoso y con una topografía irregular. En este tipo de terrenos, explicó Amador, las condiciones del suelo son determinantes para conocer qué tan estable puede ser una zona.

"Si es un terreno muy blando, claramente las construcciones no van a aguantar y se van a a deslavar. Si es un terreno muy duro o es un terreno muy firme, claramente va a resistir”, señaló.

Un suelo blando, por ejemplo, puede ofrecer menor resistencia a determinadas construcciones o condiciones ambientales, mientras que un terreno más firme puede presentar características diferentes frente al peso y las estructuras que se colocan sobre él.

Jessica Amador comparó esta situación con zonas de Santa Fe, en Ciudad de México, donde también existen construcciones asentadas sobre terrenos con características particulares.

La comparación no significa que Nepal y México enfrenten exactamente el mismo fenómeno. Por el contrario, la diferencia está precisamente en cómo cada territorio responde a las condiciones naturales y a la intervención humana.

El terreno también puede convertirse en un factor de riesgo

De acuerdo con el relato de Amador, el fenómeno ocurrido en Nepal involucró el desplazamiento de material compuesto por tierra, agua y hielo, que terminó afectando una zona en la que se encontraban habitantes, turistas y personas extranjeras.

Uno de los elementos que llamó su atención fue que, según la información que analizó, no se registraban lluvias en el momento del fenómeno, por lo que las condiciones no necesariamente correspondían con lo que las personas podrían identificar como una jornada de riesgo por precipitaciones.

Para la topógrafa, esto demuestra la importancia de comprender que los peligros naturales no siempre dependen exclusivamente de un evento evidente, como una tormenta.

El comportamiento de un terreno puede estar relacionado con múltiples factores y, por ello, la identificación de las características del suelo y del entorno antes de construir resulta fundamental.

¿Qué riesgos existen en México?

México no tiene glaciares como los que caracterizan determinadas regiones del Himalaya, pero eso no significa que esté libre de amenazas relacionadas con su geografía.

Amador considera que algunas zonas del país presentan riesgos importantes debido a sus características topográficas, geológicas e hidrológicas.

Uno de los ejemplos que menciona es la Ciudad de México, donde el hundimiento del terreno constituye uno de los problemas que deben considerarse al hablar de infraestructura y crecimiento urbano.

La capital está construida sobre una antigua zona lacustre y presenta condiciones particulares de subsuelo. Para Amador, esto obliga a preguntarse hasta qué punto puede seguir incrementándose el peso de las construcciones sin considerar las características del terreno.

También menciona zonas como Santa Fe, Milpa Alta y Ecatepec, donde existen áreas urbanizadas sobre terrenos con pendientes y características distintas.

“No tenemos un glaciar cerca, claramente, pero sí hay ríos, sí hay lagos y sí estamos construidos sobre un lago”, planteó.

Desde su perspectiva, el problema no consiste únicamente en construir, sino en determinar dónde, cómo y bajo qué condiciones puede hacerse una obra sin ignorar las características naturales del territorio.

¿México también enfrenta riesgos por su cercanía con el mar?

Otro de los factores que deben considerarse son las regiones costeras. Amador señala que distintas zonas de México están expuestas a fenómenos relacionados con el océano, incluidos los tsunamis, además de otros riesgos asociados con huracanes, inundaciones y movimientos del terreno.

La vulnerabilidad no es igual en todo el país: depende de la ubicación, la topografía, las condiciones geológicas, la infraestructura y la cercanía con cuerpos de agua, entre otros factores.

Por ello, considera que estudiar el territorio antes de desarrollar asentamientos y grandes obras es una parte esencial de la prevención.

El Tren Maya y los retos de construir sobre terrenos complejos

Amador también puso como ejemplo el Tren Maya, cuya construcción se desarrolló en una región con características geológicas particulares.

Desde su perspectiva, uno de los retos de intervenir este tipo de territorio está relacionado con la identificación de las condiciones del subsuelo.

La península de Yucatán, por ejemplo, presenta una geología caracterizada por roca caliza y sistemas de cuevas y cenotes. Esto hace que el conocimiento del terreno sea especialmente relevante para el desarrollo de infraestructura.

Amador señala que durante los trabajos relacionados con la obra se identificaron cenotes que no estaban registrados previamente y utiliza este ejemplo para explicar las dificultades que pueden surgir cuando las características del subsuelo no son completamente conocidas.

Su argumento central es que la actividad humana puede modificar un entorno cuya dinámica natural todavía no se comprende por completo.

"La tierra no soporta el peso ni de la vía, ni de la maquinaria, ni de los trenes, ni de los pasajeros, porque inclusive se han encontrado cenotes que antes no estaban registrados y esto por la característica de la tierra, que muchas veces no saben cómo identificarlo. Y si lo ponemos en perspectiva con lo que pasó en China y en Nepal, claramente los terrenos no se dan para poder tener este tipo de construcciones, pero a veces el comercio, el ingreso de dinero o incluso el negocio internacional pues provoca este tipo de accidentes que lamentablemente cobran vidas inocentes".

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Construir puede aumentar los riesgos naturales

Para Amador, una de las principales lecciones que deja el caso de Nepal es que las decisiones humanas no pueden analizarse de manera separada de las condiciones naturales.

Una construcción, una carretera, una vía ferroviaria o una zona urbana incorporan peso y modifican el territorio. Por eso, considera necesario estudiar previamente la capacidad del suelo, la hidrología, las pendientes y las condiciones geográficas del lugar.

El problema aparece cuando las necesidades económicas o comerciales avanzan más rápido que el conocimiento del territorio.

“¿Qué puedes prevenir o evitar con esto?”, plantea la entrevistada al reflexionar sobre los desastres naturales y las obras humanas.

Para ella, no basta con afirmar que una tragedia deja una enseñanza. El verdadero desafío consiste en convertir ese aprendizaje en medidas concretas de prevención.

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¿Qué relación tiene entonces Nepal con México?

La relación no está en que México pueda sufrir exactamente el mismo fenómeno que Nepal, sino en una cuestión más amplia: los riesgos naturales están estrechamente relacionados con las características de cada territorio y con la forma en que las sociedades lo ocupan.

Nepal enfrenta una combinación de montañas, pendientes, hielo, agua y condiciones geológicas que puede generar fenómenos extremos. México, por su parte, tiene una geografía igualmente compleja, aunque con amenazas diferentes.

El país enfrenta sismos, deslaves, inundaciones, hundimientos, huracanes, tsunamis y otros fenómenos naturales, cuya intensidad y consecuencias dependen en buena medida de las condiciones locales.

Para Amador, el punto en común es la necesidad de conocer el terreno antes de intervenirlo.

"Todas las construcciones que hagamos sabiendo o no sabiendo en dónde nos estemos metiendo, claramente pueden perjudicar el estado natural de la tierra", sostuvo.

El reto: construir sin ignorar a la naturaleza

La reflexión de la trabajadora de Sedena va más allá de Nepal. Su preocupación está en la manera en que las sociedades toman decisiones de infraestructura y desarrollo económico.

Desde su perspectiva, el crecimiento urbano, el comercio y los grandes proyectos pueden generar beneficios económicos, pero también deben considerar los límites físicos y naturales del territorio.

“No estamos tan vulnerables a un glaciar”, reconoce al hablar de México, pero advierte que el país sí se encuentra cerca de numerosas zonas acuáticas y enfrenta distintos riesgos naturales.

La pregunta, entonces, no es solamente qué ocurrió en Nepal, sino qué puede aprender México de una tragedia ocurrida al otro lado del mundo.

La respuesta pasa por algo aparentemente sencillo, pero fundamental para la ingeniería y la prevención: antes de construir sobre un territorio, hay que entenderlo.

Porque un terreno no es solamente el espacio donde se coloca una estructura. También tiene una historia geológica, una capacidad de resistencia, agua, pendientes y condiciones que pueden cambiar la manera en que una obra se comporta frente a un fenómeno natural.

Y cuando esos factores se ignoran, el riesgo puede dejar de ser únicamente natural y convertirse también en un problema de planeación y prevención.

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