“Quiero volver a abrazar a mis hijos”: la historia de Ana Luisa tras sobrevivir a un ataque con machete en Chiapas

Alejandra Jiménez 2 mayo, 2026

Mientras avanza su recuperación y se define su proceso médico, su historia refleja la gravedad de la violencia contra las mujeres en México

 ©Especial - Ana Luisa, una joven madre de 27 años, sobrevivió a un ataque con machete que le arrebató ambas manos.

La vida de Ana Luisa, de 27 años, cambió de forma irreversible el pasado 13 de abril, cuando su pareja la atacó con un machete en su propia casa, en el municipio de Cintalapa. La agresión le provocó la pérdida de ambas extremidades superiores, en un caso que ha conmocionado a la entidad y que expone la crudeza de la violencia de género en México.

Días después del ataque, mientras su agresor era detenido por autoridades estatales, Ana Luisa regresaba a su hogar. No era el mismo lugar: ahora estaba lleno de recuerdos, silencios y una nueva realidad que exige reconstruirse desde cero.

Sin embargo, su discurso no gira en torno a la derrota. Al contrario, está marcado por una serenidad que sorprende incluso a quienes la atienden.

“Estoy viva y tengo que salir adelante”, dice.

El dolor que no se ve: no poder abrazar

Más allá de la pérdida física, Ana Luisa enfrenta una ausencia emocional que describe como la más difícil de sobrellevar. No poder peinar a sus hijas ni abrazar a su hijo menor se ha convertido en su mayor herida.

“Eso es lo que yo quisiera: volver a peinar a mis hijas, abrazarlas; abrazar a mi bebé”, relata.

Esa cotidianidad, aparentemente simple, es ahora el motor que impulsa su recuperación.

De la independencia a la reconstrucción

Antes del ataque, Ana Luisa llevaba una vida activa. Practicaba crossfit, conducía su motocicleta y sostenía a su familia mediante la venta de productos como ropa deportiva, perfumes y artesanías.

El ejercicio, explica, era más que una rutina: era su refugio frente al estrés y los problemas cotidianos.

Hoy, su objetivo es recuperar parte de esa autonomía. El próximo 8 de mayo será evaluada por especialistas para explorar opciones de prótesis.

“Quiero una prótesis que me ayude a hacer lo que hacían mis manos… quiero ser independiente”, afirma.

Una historia que evidencia un ciclo de violencia

El ataque no fue un hecho aislado. Ana Luisa reconoce que durante años vivió violencia económica por parte de su pareja, situación que la obligó a trabajar constantemente para sostener a su familia.

El miedo y la falta de información impidieron que denunciara a tiempo.

“Se siente uno sola, aun estando la pareja al lado”, reflexiona.

El día de la agresión, su hija mayor logró pedir ayuda, mientras su hijo pequeño le suplicaba que resistiera. Esos momentos, asegura, fueron clave para mantenerse con vida.

Solidaridad y una nueva vida en construcción

Hoy, la recuperación de Ana Luisa no solo depende de tratamientos médicos. También está sostenida por una red de apoyo formada por amigas y familiares que la acompañan en su día a día.

Colectas, cuidados y mensajes de apoyo en redes sociales han sido fundamentales en este proceso. Aunque aún no puede responderlos, asegura que los ha leído todos.

Esa solidaridad se ha convertido en un soporte emocional en medio de la incertidumbre.