Subieron la tarifa del transporte en CDMX, pero las mejoras nunca llegaron: persisten unidades en mal estado y exceso de velocidad
Nueve meses después del incremento de 1.50 pesos al pasaje del transporte concesionado en la CDMX, las mejoras prometidas siguen sin reflejarse en las calles
Cuando el Gobierno de la Ciudad de México autorizó el incremento de 1.50 pesos al pasaje del transporte público concesionado, aseguró que el ajuste permitiría mejorar la calidad del servicio y elevar los estándares de seguridad para millones de pasajeros.
Nueve meses después, la realidad en las calles cuenta otra historia. Recorridos realizados en distintos puntos de la capital muestran que muchas unidades continúan circulando con las mismas irregularidades que existían antes del aumento: vehículos deteriorados, choferes sin uniforme, vidrios polarizados, exceso de velocidad y rutas alteradas.
El panorama genera cuestionamientos entre los usuarios, quienes pagan una tarifa más alta sin percibir las mejoras que fueron el principal argumento para autorizar el incremento.
¿Qué prometieron los transportistas para justificar el aumento al pasaje?
El incremento tarifario, vigente desde el 1 de noviembre de 2025, estuvo condicionado a una serie de compromisos que buscaban elevar la calidad del servicio.
Entre ellos figuraban retirar los vidrios polarizados, mantener visibles las licencias Tipo C, portar uniforme institucional, garantizar el funcionamiento de cámaras de videovigilancia, botones de auxilio y GPS, además de ofrecer unidades limpias y en buenas condiciones mecánicas.
También se comprometieron a realizar mantenimiento periódico en frenos, llantas, luces, puertas y pasamanos, así como capacitar a los operadores para brindar una mejor atención a los pasajeros.
La intención era que el incremento en el costo del pasaje se reflejara en un servicio más seguro, ordenado y confiable.
¿Qué problemas siguen enfrentando los usuarios?
Los recorridos realizados en diferentes zonas de la ciudad muestran que buena parte de esos compromisos no se cumplen.
Todavía es frecuente encontrar unidades con desperfectos físicos, parabrisas y cristales polarizados, conductores que no utilizan el uniforme reglamentario y vehículos que circulan con asistentes conocidos como cacharpos, una práctica que no está autorizada.
A ello se suman denuncias por exceso de velocidad, modificación de derroteros, música con volumen elevado y deficiencias en elementos básicos de seguridad, como frenos, iluminación o pasamanos.
Para muchos pasajeros, el aumento en la tarifa no se ha traducido en una mejora perceptible del servicio.
¿Por qué también se cuestiona a las autoridades?
El problema no solo apunta hacia los concesionarios.
Otro de los cuestionamientos es la falta de información pública sobre las acciones emprendidas para hacer cumplir los acuerdos.
Consultada sobre el tema, la Secretaría de Movilidad (Semovi) no proporcionó datos sobre el número de operadores o concesionarios sancionados por incumplir los compromisos adquiridos tras el aumento tarifario o por violaciones al Reglamento de Tránsito y la Ley de Movilidad.
Esa ausencia de información alimenta las dudas sobre la supervisión del transporte concesionado y sobre la efectividad de los mecanismos de vigilancia.
🔴 | Microbuses, el transporte más inseguro de CDMX: estas son las zonas más peligrosas 🚐https://t.co/2pPnnTl2Jc
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) March 4, 2026
Usuarios aseguran que poco ha cambiado
Para quienes utilizan diariamente el transporte público, las condiciones del servicio continúan siendo muy similares a las que existían antes del aumento.
Algunos usuarios consideran que las irregularidades persisten porque no existe una vigilancia constante ni sanciones visibles contra quienes incumplen las reglas.
Entre las principales quejas destacan el exceso de velocidad, las malas condiciones de las unidades y la percepción de que algunos operadores continúan actuando sin consecuencias.
¿Qué significa este incumplimiento para millones de pasajeros?
El caso reabre el debate sobre la relación entre los incrementos tarifarios y la calidad del servicio público.
Cuando se autorizó el aumento, el objetivo era que los usuarios recibieran un transporte más seguro, moderno y mejor supervisado.
Sin embargo, los recorridos realizados muestran que varias de las condiciones que justificaron el ajuste económico siguen pendientes, mientras continúa sin conocerse cuántos operadores han sido sancionados por incumplirlas.
Para millones de capitalinos que utilizan diariamente el transporte concesionado, el principal cuestionamiento permanece abierto: si el pasaje aumentó para mejorar el servicio, ¿por qué muchas de las fallas siguen presentes nueve meses después?
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