Muere Gramma, la tortuga de 141 años: vivió dos guerras mundiales y la llegada del hombre a la Luna

Alejandra Jiménez 10 marzo, 2026

El histórico reptil fue sometido a eutanasia humanitaria tras agravarse problemas óseos crónicos

 ©Especial - Su vida abarcó desde finales del siglo XIX hasta la era digital, convirtiéndola en un símbolo mundial de conservación animal.

El San Diego Zoo despidió a una de sus habitantes más longevas y queridas: Gramma, una tortuga gigante de las Galápagos cuya edad estimada era de 141 años. Veterinarios del parque decidieron aplicar eutanasia humanitaria después de que los padecimientos óseos que sufría desde hace años se agravaran y comenzaran a afectar su calidad de vida.

La muerte del animal marca el cierre de una historia extraordinaria que comenzó en el siglo XIX, cuando Gramma nació en las Galápagos Islands, el archipiélago ecuatoriano famoso por su biodiversidad única.

Su traslado a Estados Unidos ocurrió entre finales de la década de 1920 y principios de los años treinta. Primero pasó por el Bronx Zoo, en Nueva York, antes de establecerse definitivamente en el zoológico de San Diego, donde viviría durante casi cien años.

El símbolo viviente del zoológico de San Diego

Durante décadas, Gramma se convirtió en uno de los animales más reconocibles del San Diego Zoo, recibiendo a generaciones de visitantes que regresaban años después para volver a verla bajo el sol de California.

Su extraordinaria longevidad la transformó en un símbolo viviente del parque y en un recordatorio de la importancia de la protección de especies en peligro.

A lo largo de su vida, la tortuga fue testigo silencioso de más de un siglo de historia humana: sobrevivió a dos guerras mundiales, a la Gran Depresión y a transformaciones tecnológicas que cambiaron el planeta, desde los primeros automóviles hasta la era de los teléfonos inteligentes.

El secreto de la longevidad de las tortugas de Galápagos

Las tortugas gigantes de las Galápagos son conocidas por su extraordinaria esperanza de vida, que puede superar los 150 años. Los especialistas explican que esta longevidad se debe a una combinación de metabolismo extremadamente lento, capacidad para almacenar agua y alimento, y una fisiología adaptada a sobrevivir largos periodos de escasez.

En su entorno natural, estas características les permiten pasar meses sin comer ni beber, una ventaja evolutiva clave en las islas volcánicas donde habitan.

Además, su grueso caparazón protector y su crecimiento lento contribuyen a que puedan vivir más que la mayoría de los vertebrados terrestres.

Conservación y esperanza para la especie

A pesar de la muerte de Gramma, los esfuerzos de conservación de tortugas de Galápagos muestran señales alentadoras. Diversos programas internacionales han logrado impulsar la reproducción en cautiverio y la recuperación de poblaciones en estado silvestre.

Desde la década de 1960, proyectos impulsados por autoridades ecuatorianas y organizaciones científicas han liberado más de 10 mil tortugas jóvenes en su hábitat natural en las Galápagos Islands.

Actualmente se reconocen 15 especies o subespecies de tortugas gigantes de Galápagos, aunque al menos tres ya se consideran extintas, lo que mantiene la alerta sobre la fragilidad de este ecosistema único.

El legado de Gramma

Para los cuidadores y visitantes del San Diego Zoo, Gramma no fue solo un reptil centenario, sino una auténtica embajadora de la conservación de la vida silvestre.

Su vida comenzó cuando el mundo apenas experimentaba los primeros avances de la era industrial y terminó en una época dominada por la tecnología digital. Ese contraste convirtió su historia en un poderoso recordatorio del paso del tiempo y de la responsabilidad humana de proteger a las especies que habitan el planeta.

Aunque su muerte cierra un capítulo histórico que comenzó hace más de un siglo, los científicos confían en que las nuevas generaciones de tortugas gigantes de Galápagos continúen habitando las islas en el futuro.

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