¿Por qué Donald Trump insiste en anexar Groenlandia a Estados Unidos?

Alejandra Jiménez 6 enero, 2026

La postura del presidente estadounidense ha generado rechazo en Europa y preocupación por el avance de Washington en el Ártico

 ©Especial - El presidente Donald Trump volvió a insistir en que Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos.

El renovado interés del presidente estadounidense Donald Trump por incorporar Groenlandia a Estados Unidos responde a una combinación de factores geopolíticos, militares y económicos, entre ellos el control del Ártico y el acceso a tierras raras, minerales clave en la transición energética y la industria tecnológica global.

Trump reaviva la polémica sobre Groenlandia

El presidente Donald Trump volvió a insistir en que Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos, desoyendo los llamados de las autoridades de la isla y del gobierno de Dinamarca para respetar su integridad territorial.

“¡Ya basta!”, respondió el primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, quien exigió el fin de lo que calificó como presiones reiteradas y fantasías de anexión, en un mensaje difundido en redes sociales.

Las declaraciones de Trump reavivaron los temores en Europa tras la reciente intervención militar estadounidense en Venezuela, que evidenció una política exterior más agresiva de Washington.

Una ambición que no es nueva

Desde el inicio de su segundo mandato, Trump ha reiterado su interés en expandir la influencia territorial de Estados Unidos, mencionando no solo a Groenlandia, sino también a Canadá, como parte de una estrategia de reposicionamiento global.

“Necesitamos a Groenlandia para garantizar la seguridad nacional”, afirmó en su momento el mandatario a bordo del Air Force One, al considerar que Dinamarca no tiene la capacidad de proteger adecuadamente una región clave para los intereses estadounidenses.

Trump incluso adelantó plazos ambiguos para reabrir el debate, lo que alimentó la inquietud diplomática entre los aliados europeos.

El rechazo de Groenlandia y Europa

Las autoridades groenlandesas respondieron con firmeza. “Estamos abiertos al diálogo, pero no a la anexión”, subrayó Nielsen, quien insistió en que cualquier discusión debe realizarse por los canales diplomáticos y con respeto al derecho internacional.

Varios líderes europeos expresaron su respaldo a Dinamarca, miembro de la OTAN, y advirtieron que cualquier intento de anexión forzada sentaría un precedente peligroso para el orden internacional.

Tierras raras: la clave económica del interés estadounidense

Más allá del discurso de seguridad, el principal atractivo de Groenlandia para Washington reside en su enorme potencial en tierras raras, un conjunto de minerales esenciales para la fabricación de baterías, autos eléctricos, sistemas de defensa y tecnologías de energía limpia.

Actualmente, China controla más del 60 % de la producción y refinado mundial de tierras raras, lo que ha generado preocupaciones estratégicas en Estados Unidos y Europa, que buscan reducir su dependencia de Pekín.

Groenlandia alberga algunos de los yacimientos sin explotar más importantes del planeta, lo que la convierte en una pieza clave en la competencia global por los recursos críticos.

El Ártico, nuevo tablero geopolítico

El deshielo provocado por el cambio climático ha incrementado el valor estratégico del Ártico, al abrir nuevas rutas marítimas y facilitar el acceso a recursos naturales.

Para Estados Unidos, consolidar su presencia en Groenlandia permitiría reforzar su dominio militar en el hemisferio norte, contener la influencia de Rusia y China, y asegurar corredores estratégicos para el comercio y la defensa.

No es casual que figuras cercanas a la Casa Blanca hayan difundido imágenes simbólicas de Groenlandia con los colores de la bandera estadounidense, alimentando la narrativa de una futura incorporación.

Un mensaje al mundo

La insistencia de Trump en anexar Groenlandia envía una señal clara: Estados Unidos está dispuesto a redefinir las reglas del juego geopolítico para asegurar su liderazgo económico y militar.

Mientras Groenlandia y Dinamarca rechazan cualquier cesión de soberanía, el debate expone una tensión creciente entre los intereses estratégicos de Washington y el orden internacional basado en normas, en un momento en que el Ártico se consolida como uno de los principales focos de poder del siglo XXI.

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