De los emos y punks a “farmear aura”: así cambió la forma en que los jóvenes buscan pertenecer

Anahlin Rosales 23 agosto, 2026

Hace 18 años, la ropa, la música y los lugares de reunión ayudaban a distinguir a emos, punks y otras tribus urbanas. Hoy, tendencias como “farmear aura” muestran una pertenencia más rápida y flexible

 ©Cuartoscuro - Las redes aceleraron nuevas formas de pertenencia.

En marzo de 2008 bastaba mirar el fleco, los pantalones entubados o la ropa negra para reconocer a muchos de los jóvenes que se reunían en la Glorieta de Insurgentes. Emos, punks, darks y skatos tenían música, estética, lenguaje y puntos de encuentro que ayudaban a distinguir quién pertenecía a cada grupo.

Dieciocho años después, cientos de adolescentes regresan a espacios públicos de la Ciudad de México, pero ahora el código puede ser una mirada, una caminata, un meme o un gesto de apenas unos segundos.

Las llamadas batallas para “farmear aura” llegaron esta semana a sitios como Bellas Artes. Dos participantes se colocan frente a frente y buscan provocar al público mediante poses, bailes o referencias conocidas en TikTok. No necesitan compartir una forma específica de vestir ni escuchar una sola corriente musical. Lo indispensable es entender el código y conseguir que quienes están alrededor reconozcan la referencia.

Ahí está una de las principales diferencias entre ambas épocas. La necesidad de pertenecer no desapareció; cambió la velocidad con la que se construyen los grupos y los símbolos necesarios para entrar en ellos.

Antes la identidad podía llevarse puesta durante años

Las llamadas tribus urbanas construyeron parte de su identidad alrededor de elementos relativamente permanentes. Investigaciones sobre juventudes en México han documentado cómo la vestimenta, el lenguaje, la música, el territorio y los espacios de convivencia permitían establecer afinidades y generar un sentido de pertenencia entre jóvenes.

El caso emo fue especialmente visible. En 2008, la tensión con punks, metaleros y otros grupos llegó a enfrentamientos en Querétaro y posteriormente en la Glorieta de Insurgentes. Detrás de las agresiones también había una disputa por los símbolos y por quién tenía derecho a apropiarse de determinadas formas de vestir, escuchar música o mostrarse públicamente.

 ©Cuartoscuro - Los emos marcaron una generación en 2008.

Pertenecer podía implicar entonces adoptar durante meses o años una estética reconocible y acudir a los mismos espacios. Esa lógica no desapareció por completo, pero las plataformas digitales permitieron que los referentes juveniles fueran mucho más fragmentados y cambiantes. Investigaciones recientes sobre TikTok describen comunidades que se forman alrededor de intereses, estéticas y códigos compartidos, mientras el algoritmo acelera la circulación de esos símbolos entre personas que ni siquiera necesitan conocerse previamente.

Ahora una generación puede reconocerse por entender el mismo meme

“Farmear” proviene del lenguaje de los videojuegos y significa repetir acciones para acumular recursos o experiencia. En la jerga de internet, el “aura” funciona como una especie de marcador imaginario de carisma, seguridad o presencia. Cambridge ya registra aura farming como la acción de hacer cosas con la intención de proyectar una personalidad que otros consideren atractiva o interesante.

De ahí salen expresiones como “+1000 de aura” o “perdió aura”, pero también movimientos como el six-seven, el aura walk, poses inspiradas en anime, celebraciones de futbolistas y otros gestos que solo funcionan si quienes observan entienden de dónde vienen. En las batallas realizadas durante agosto, buena parte del juego consiste precisamente en reconocer y reutilizar referencias que circulan en internet.

 ©Cuartoscuro - Farmear aura pasó de TikTok a las calles.

Un adolescente puede participar hoy en una batalla de aura sin tener que definirse como integrante permanente de un movimiento. Mañana puede adoptar otro meme, otra estética o una comunidad distinta. Un estudio publicado este año por la UNAM sobre jóvenes mexicanas y TikTok describe precisamente esa negociación constante entre diferentes estéticas digitales y la manera en que las plataformas intervienen en nuevos imaginarios de identidad y pertenencia.

Las redes cambiaron el código, pero los jóvenes regresaron a la calle

Hay, sin embargo, una coincidencia llamativa con aquellas tribus urbanas. Después de años en los que buena parte de estas identidades se construyeron dentro de una pantalla, “farmear aura” terminó sacando nuevamente a los jóvenes a plazas y espacios públicos.

El 20 de agosto hubo una competencia frente a Bellas Artes, y durante el fin de semana siguieron apareciendo convocatorias en distintos puntos de CDMX. Algunas ya incluyen organizadores, jueces y premios en efectivo. Lo que empezó como una forma de comentar videos terminó creando encuentros cara a cara entre adolescentes que sólo necesitaban conocer los mismos códigos para participar.

Los emos de 2008 podían reconocerse por el fleco, la música y el lugar donde se reunían. Los jóvenes de 2026 pueden hacerlo porque ambos saben cuánto “aura” vale una pose. La forma cambió, pero la función se parece bastante: encontrar a otros que entienden exactamente el mismo lenguaje.

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