Japón vuelve a temblar tras los fuertes terremotos de 2026: qué está pasando debajo del país y por qué Tokio sintió el nuevo sismo

Elena Martínez 22 agosto, 2026

El movimiento ocurre después de varios terremotos relevantes registrados durante 2026

 ©Especial - El sismo se registró este 22 de agosto.

Un sismo de magnitud 5.9 sacudió el este del país durante la madrugada del domingo 23 de agosto, hora local, y fue percibido con fuerza en Tokio, Japón y otras zonas de la región de Kanto. El movimiento ocurre después de varios terremotos relevantes registrados durante 2026, un periodo en el que la actividad sísmica del archipiélago ha vuelto a llamar la atención por la fuerza de algunos de sus movimientos.

El nuevo sismo de magnitud 5.9 ocurrió alrededor de las 02:00 horas del domingo en Japón, cuando en México todavía era sábado 22 de agosto. La Agencia Meteorológica de Japón (JMA) localizó el epicentro en el sur de la prefectura de Ibaraki, con una profundidad aproximada de 70 kilómetros. El Servicio Geológico de Estados Unidos calculó inicialmente una magnitud ligeramente menor, de 5.8.

La sacudida alcanzó una intensidad de 5 débil en la escala sísmica japonesa en puntos de Ibaraki, Saitama y Chiba. En Tokio también fue perceptible y diferentes sectores de los 23 distritos registraron intensidades de entre 3 y 4. Pese a la fuerza con la que algunas personas sintieron el movimiento, las autoridades determinaron que no existía riesgo de tsunami.

Los primeros reportes tampoco señalaron víctimas ni daños estructurales de consideración. Sin embargo, se registró la ruptura de una tubería en Tokio y alrededor de 460 viviendas quedaron temporalmente sin electricidad. Las autoridades iniciaron revisiones de infraestructura, mientras que las instalaciones nucleares ubicadas en la región informaron que no habían detectado anomalías después del terremoto.

El episodio ocurre apenas semanas después del terremoto de magnitud 7.1 que golpeó Kumamoto el 28 de julio, uno de los movimientos más fuertes registrados en Japón durante 2026. A diferencia del temblor de Ibaraki, aquel tuvo características distintas y provocó daños en edificios e infraestructura, además de cortes de energía y afectaciones al transporte.

Esto está ocurriendo debajo de Japón

La elevada frecuencia de terremotos en Japón está directamente relacionada con su ubicación tectónica. El archipiélago forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa región en la que se concentra buena parte de los terremotos y volcanes activos del planeta.

En el entorno japonés interactúan principalmente las placas del Pacífico y del mar de Filipinas con otras estructuras tectónicas sobre las que se encuentra el territorio. En diferentes puntos, una placa se introduce debajo de otra mediante un proceso denominado subducción. La fricción y el movimiento constante permiten acumular enormes cantidades de energía que posteriormente pueden liberarse en forma de terremotos.

Esta compleja estructura también significa que los sismos registrados en distintas regiones de Japón no necesariamente tienen el mismo origen. Durante 2026 se han producido movimientos en diferentes zonas, profundidades y sistemas tectónicos, por lo que la cercanía entre las fechas no basta para establecer que formen parte de una sola secuencia.

Un antecedente se produjo el 1 de abril, cuando un sismo de magnitud 5.0 ocurrió también en el sur de Ibaraki. El Comité de Investigación de Terremotos de Japón determinó que aquel movimiento se generó cerca del límite entre la placa del mar de Filipinas y la placa continental.

El terremoto registrado ahora en Ibaraki tuvo una profundidad aproximada de 70 kilómetros, una característica importante para comprender por qué pudo sentirse a una distancia considerable. Hasta el momento no existe evidencia que permita afirmar que este movimiento sea consecuencia directa de los otros grandes terremotos registrados en Japón durante el año.

La razón por la que Tokio sintió el nuevo terremoto

Aunque el epicentro no estuvo localizado debajo del centro de Tokio, millones de habitantes de la zona metropolitana pudieron percibir la sacudida. Una de las claves está precisamente en la profundidad del hipocentro y en la manera en que las ondas sísmicas viajaron desde Ibaraki.

Al generarse aproximadamente 70 kilómetros debajo de la superficie, la energía pudo propagarse a través de una región extensa. La JMA registró movimiento de periodo largo en zonas de Ibaraki, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa, lo que explica que la sacudida alcanzara buena parte de la región de Kanto.

A esto se suma la propia composición del terreno de Tokio. Algunas áreas de la enorme metrópoli se encuentran sobre depósitos sedimentarios que pueden modificar e incluso amplificar determinados tipos de ondas sísmicas. Los edificios altos también pueden experimentar oscilaciones perceptibles durante movimientos de periodo largo aunque el epicentro se encuentre a cierta distancia.

El sismo de magnitud 5.9 no alcanzó la fuerza de los mayores terremotos registrados en Japón durante 2026, pero vuelve a mostrar la exposición permanente del país a este tipo de fenómenos. Precisamente por esa vulnerabilidad, Japón cuenta con estrictos códigos de construcción, sistemas de alerta temprana y protocolos de emergencia diseñados para reducir los efectos de los grandes movimientos.

La sucesión de terremotos durante 2026 tampoco significa que un movimiento de mayor magnitud sea inminente. Los especialistas pueden identificar zonas de riesgo, fallas activas y probabilidades sísmicas a largo plazo, pero actualmente no existe un método científico capaz de establecer con precisión cuándo y dónde ocurrirá el próximo gran terremoto.