¿Las lluvias pueden provocar sismos en la CDMX? Esto explica la UNAM

Elena Martínez 29 julio, 2026

Los especialistas aclaran que esta hipótesis solo busca explicar ciertos temblores de baja magnitud

 ©Redes sociales. - Los especialistas aclaran que esta hipótesis solo busca explicar ciertos temblores de baja magnitud.

Durante años, la idea de que las lluvias y los sismos estuvieran relacionados en la Ciudad de México fue considerada un mito sin respaldo científico. Cada temporada de precipitaciones resurgían las dudas entre la población, pero especialistas insistían en que no existían pruebas para afirmar que un fenómeno provocara al otro. Ahora, una investigación realizada por científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) abre una nueva línea de estudio al encontrar una posible relación entre las lluvias intensas y algunos temblores locales registrados en la capital.

El estudio no concluye que la lluvia sea la causa directa de los sismos. Lo que encontró fue una correlación estadística entre precipitaciones intensas, cambios en la presión del subsuelo y varios movimientos telúricos ocurridos en 2023, por lo que los investigadores consideran que el fenómeno merece seguir siendo analizado.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Geophysical Journal International, donde el equipo explica que esta hipótesis todavía requiere más investigaciones antes de considerarse definitiva.

La tecnología que permitió observar miles de pequeños sismos

Para desarrollar la investigación, especialistas del Instituto de Ingeniería de la UNAM utilizaron una tecnología conocida como Sensores Acústicos Distribuidos (DAS, por sus siglas en inglés). En lugar de instalar cientos de nuevos sismómetros, aprovecharon cables de fibra óptica ya existentes para convertirlos en miles de sensores capaces de detectar vibraciones del suelo.

Durante 15 meses, entre 2022 y 2023, los investigadores monitorearon el subsuelo de la Ciudad de México mediante pulsos láser enviados a través de esos cables. Cuando el terreno se mueve, aunque sea de forma imperceptible, la fibra óptica registra pequeñas deformaciones que permiten identificar la ubicación y características de un sismo con mucha mayor precisión.

Gracias a este sistema, los científicos pasaron de contar con apenas unas decenas de puntos de medición a disponer de 2 mil 266 sensores sísmicos distribuidos en el subsuelo capitalino. Esa cantidad de información permitió detectar movimientos que anteriormente habrían pasado desapercibidos y comparar esos registros con datos de lluvia, niveles de los acuíferos y condiciones del terreno.

¿Qué descubrieron los investigadores?

Al analizar toda la información, el equipo encontró que varios de los sismos registrados en mayo de 2023 ocurrieron después de lluvias intensas, justo cuando los acuíferos de la ciudad se encontraban en niveles muy bajos debido a la temporada seca.

Inicialmente se pensó que el agua infiltrada podía estar lubricando fallas geológicas y provocando los temblores. Sin embargo, la nueva investigación descartó esa explicación al observar que la mayoría de los epicentros no coincidían con la ubicación de esas fallas.

La hipótesis que ahora consideran más probable es distinta. Según los investigadores, las fuertes lluvias habrían recargado rápidamente los acuíferos en algunas zonas del Valle de México, mientras que en otras partes de la ciudad el agua no logró infiltrarse con la misma velocidad debido a la urbanización, el pavimento y el sistema de drenaje.

Esa diferencia habría generado cambios en la presión del subsuelo capaces de favorecer la liberación de energía en pequeñas estructuras geológicas, desencadenando algunos de los sismos locales registrados durante ese periodo.

Los especialistas aclaran que esta hipótesis solo busca explicar ciertos temblores de baja magnitud, como los ocurridos en mayo y diciembre de 2023, y no los grandes terremotos que afectan a la Ciudad de México desde otras regiones del país.

Aunque los resultados representan un avance importante para comprender la sismicidad local, los propios autores reconocen que todavía existen limitaciones. Expertos externos consideran necesario ampliar los estudios, incorporar más datos hidrológicos y seguir perfeccionando la localización de los epicentros antes de confirmar una relación directa entre las lluvias, los acuíferos y los sismos.

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