¿Se puede predecir un megaterremoto? Esto es lo que la ciencia sí puede saber
Después del terremoto de Colombia, volvieron las preguntas sobre si la ciencia puede anticipar un megaterremoto y saber cuándo ocurrirá
Puede la ciencia saber que un megaterremoto ocurrirá y decir exactamente cuándo? La respuesta, por ahora, es no. Los científicos pueden identificar regiones con mayor peligro sísmico, estudiar cómo se acumula la energía y detectar un terremoto cuando ya comenzó, pero no pueden establecer con anticipación una fecha, hora, lugar y magnitud exactos. La diferencia es clave ante los rumores que suelen surgir después de un gran sismo, como el de Colombia.
El sismo de magnitud 7.4 registrado en Colombia el 10 de agosto de 2026 volvió a disparar en redes sociales mensajes sobre la supuesta llegada de un gran terremoto en otras regiones del continente. Entre ellos apareció la idea de que el movimiento podía desencadenar el llamado “Big One” de la falla de San Andrés.
Pero no existe evidencia científica que permita establecer una relación de ese tipo entre el terremoto colombiano y un futuro terremoto en México o California.
Con la tecnología disponible actualmente, ningún organismo científico puede predecir un terremoto con la precisión necesaria para decir: ocurrirá tal día, a determinada hora, en determinado lugar y tendrá determinada magnitud.
La explicación es importante porque predecir no es lo mismo que pronosticar escenarios de riesgo. La ciencia puede saber dónde existen fallas activas, estudiar cuánto se ha movido una región durante miles de años y estimar la probabilidad de que ocurra un terremoto de determinada magnitud durante un periodo amplio. Lo que no puede hacer es convertir esos datos en una fecha exacta.
¿Qué tendría que demostrar una verdadera predicción sísmica?
Una predicción científica tendría que proporcionar tres elementos fundamentales: cuándo ocurrirá el terremoto, dónde ocurrirá y qué magnitud tendrá.
El maestro Alan Sánchez Pulido, coordinador de Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana, explicó que la tecnología actual no permite anticipar esas tres variables con precisión.
Uno de los problemas está en el lugar donde se originan los terremotos. Las placas tectónicas interactúan a grandes profundidades, bajo condiciones de presión y temperatura que hacen imposible colocar instrumentos directamente en la zona donde comienza la ruptura.
La perforación más profunda realizada por el ser humano tampoco permite llegar a esas profundidades.
Eso no significa que la Tierra esté fuera de observación. Al contrario: existen redes de sismógrafos, estaciones de monitoreo y modelos computacionales que permiten estudiar continuamente el comportamiento sísmico.
La diferencia es que esas herramientas sirven para medir y analizar, no para adivinar cuándo comenzará el siguiente terremoto.
¿Entonces México sí tiene zonas donde podría ocurrir un gran terremoto?
Sí. Que no sea posible predecir un terremoto no significa que los científicos desconozcan las regiones con mayor peligro sísmico.
Una de ellas es la Brecha Sísmica de Guerrero, una zona ubicada entre Papanoa y Acapulco que ha sido estudiada durante décadas debido a su comportamiento tectónico.
La brecha tiene una extensión aproximada de 230 kilómetros y forma parte de la zona donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana.
Su historia sísmica hace que sea una región de especial interés para los investigadores. Entre 1845 y 1911 se registraron varios terremotos importantes en esa zona, mientras que posteriormente se han producido periodos prolongados sin un terremoto de características similares.
Pero aquí aparece una de las confusiones más comunes: acumular energía no significa que pueda saberse cuándo se liberará.
Los científicos pueden identificar el potencial de una región para generar un terremoto fuerte, pero eso no permite afirmar que ocurrirá mañana, el próximo mes o en una fecha determinada.
¿La Brecha de Guerrero puede provocar un megaterremoto?
Los estudios sobre la región contemplan escenarios de terremotos de gran magnitud, incluso superiores a 8, si una porción extensa de la zona de subducción llegara a romperse.
Eso representa un escenario de peligro, no una predicción.
La diferencia es fundamental. Decir que una falla tiene capacidad para producir un terremoto grande significa que existe una posibilidad física y geológica que debe tomarse en cuenta para la construcción, la protección civil y la preparación de la población.
No significa que los científicos sepan que ese terremoto está próximo.
Además, los terremotos no funcionan como una cuenta bancaria en la que puede conocerse con exactitud cuánto tiempo falta para que se retire una cantidad determinada de energía. El comportamiento de las fallas es mucho más complejo.
Por eso, frases como “la Brecha de Guerrero está a punto de romperse” o “el megaterremoto ya viene” no pueden atribuirse a la ciencia si no existe una predicción respaldada por evidencia.
¿Qué son los sismos lentos y por qué los estudian los científicos?
En las zonas de subducción también se han detectado sismos lentos, movimientos de las placas que pueden durar mucho más que un terremoto convencional y que liberan parte de la energía acumulada sin producir necesariamente una sacudida destructiva.
Estos fenómenos son objeto de investigación porque ayudan a entender cómo interactúan las placas tectónicas.
Sin embargo, tampoco permiten establecer una fecha para el próximo gran terremoto.
Los investigadores utilizan este tipo de información junto con otros registros para conocer mejor el comportamiento de las fallas. Cada nuevo dato puede mejorar los modelos de peligro sísmico, pero todavía existe una diferencia enorme entre conocer el riesgo y predecir el momento exacto de un terremoto.
¿Qué sí puede hacer la tecnología para protegernos?
Aunque no puede avisar con días o semanas de anticipación que habrá un terremoto, la tecnología sí puede ofrecer algo muy valioso: segundos de ventaja una vez que el movimiento ya comenzó.
Los sistemas de alerta sísmica detectan las primeras ondas generadas por un terremoto y pueden enviar una señal antes de que lleguen las ondas más intensas a determinadas zonas.
Esos segundos pueden permitir que algunas personas se alejen de objetos que puedan caer, se detengan determinados procesos industriales o se activen protocolos de emergencia.
Los sismógrafos también permiten conocer rápidamente dónde ocurrió un terremoto, su magnitud y las características del movimiento, información que resulta fundamental para los equipos de emergencia.
La investigación con sensores, monitoreo estructural e inteligencia artificial también busca mejorar la evaluación de edificios e infraestructura después de un terremoto.
MAPA de todos los edificios en riesgo tras sismo de 2017 que no han sido demolidos. https://t.co/6MkXYLyIsU
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) March 10, 2026
¿El sismo de Colombia significa que viene otro gran terremoto?
No hay evidencia científica para afirmarlo.
El terremoto ocurrido en Colombia tuvo características tectónicas propias de esa región. Vincularlo directamente con un supuesto próximo “Big One” en California o con un megaterremoto en México no está respaldado por la información científica disponible.
Que dos terremotos ocurran en el mismo continente no significa que uno haya provocado necesariamente al otro.
Después de un sismo fuerte es normal que aumenten las réplicas en la región donde ocurrió el movimiento. También es habitual que aumenten los rumores en redes sociales.
Por eso, ante mensajes que anuncien terremotos para una fecha específica, la recomendación es revisar la información del Servicio Sismológico Nacional, Protección Civil y otras instituciones oficiales.
La ciencia todavía no puede decir “el próximo gran terremoto ocurrirá tal día”. Lo que sí puede decir es dónde existe mayor peligro, cómo se comportan las fallas y qué medidas pueden reducir el impacto cuando el siguiente sismo inevitablemente llegue.
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