Son Fernando y Enrique: Identifican a los gemelos futbolistas que murieron juntos en la masacre de Salamanca
Dos hermanos, un partido y una masacre: la historia de Luis Fernando y Luis Enrique Vázquez Sosa, asesinados en Loma de Flores, Salamanca
Salieron de casa para hacer lo que más les gustaba: jugar futbol. Luis Fernando y Luis Enrique Vázquez Sosa, hermanos gemelos, compartían algo más que el apellido y el parecido físico: compartían la cancha, el equipo y una vida marcada por el deporte comunitario. El domingo 25 de enero, esa rutina terminó de forma violenta en un campo de futbol de la comunidad de Loma de Flores, en Salamanca, Guanajuato.
Ambos militaban en el equipo Ranas Jr. y eran jugadores activos de la Liga de Futbol de Valtierrilla. La tarde del ataque habían llegado como parte de la jornada deportiva que reunió a jugadores, familias y vecinos. Nadie imaginó que ese encuentro sería el último.
La confirmación de su muerte y la despedida
La confirmación de sus muertes llegó horas después, cuando la propia Liga de Futbol de Valtierrilla difundió un mensaje que se replicó rápidamente entre ligas, equipos y comunidades deportivas de la región:
“Con mucha tristeza le informamos a nuestra comunidad futbolera del lamentable fallecimiento de nuestros amigos Luis Fernando Vázquez Sosa y Luis Enrique Vázquez Sosa que militaban en el equipo Ranas Jr”.
El momento del ataque
El ataque ocurrió alrededor de las 17:30 horas del domingo, después del partido entre el equipo Biodent de Loma de Flores, de Salamanca, y San José de Marañón, de Irapuato (Marañon Westonville VS Biodent FC.). Tras el silbatazo final, varios asistentes permanecieron en el lugar conviviendo, como suele suceder en encuentros comunitarios.
De manera repentina, al menos tres camionetas ingresaron a la zona del campo. De los vehículos descendieron hombres armados con rifles de alto poder. Sin advertencia alguna, comenzaron a disparar contra jugadores, espectadores y personal de seguridad privada. En el lugar se contabilizaron más de cien casquillos percutidos.
Once personas murieron. Diez más resultaron heridas y fueron trasladadas a distintos hospitales, todos bajo resguardo de fuerzas estatales y de la Guardia Nacional.
Las víctimas de la masacre en Salamanca
Entre las víctimas se encontraban, además de los gemelos:
Carlos Moreno, baterista del grupo Reencuentro Norteño, originario de San José Temascatío.
Bryan Gutiérrez, quien se encontraba como asistente en los campos de futbol.
Alejandro Prieto, migrante que había regresado recientemente de Estados Unidos para visitar a su familia.
Carmen “Carmelita”, de 21 años, aficionada al futbol que acudió a apoyar a uno de los equipos.
Luis Alberto, estudiante del Conalep Irapuato.
Martín, quien asistía como espectador.
Luis Fernando Vázquez Sosa
Luis Enrique Vázquez Sosa, hermanos gemelos e integrantes del equipo Ranas Jr.
María Elena, guardia de seguridad y madre de familia.
José Bernal, guardia de seguridad.
Francisco Guevara, guardia de seguridad.
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— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) January 27, 2026
Recuerdan a Luis Fernando y Luis Enrique Vázquez Sosa
En el caso de Fernando y Enrique, conocidos y compañeros los recordaron como jóvenes sonrientes, unidos y apasionados por el futbol.
“Solo hacían lo que más les gustaba cuando les arrebataron la vida”, escribieron integrantes de la liga al confirmar sus identidades. Representaban al equipo de La Nopalera y habían viajado a la comunidad sin saber que ese partido sería su despedida.
Las amenazas previas
La masacre de Loma de Flores no ocurrió en un vacío. Desde inicios de enero, varias ligas de futbol amateur en Salamanca habían suspendido partidos ante amenazas, extorsiones y ataques armados. Directivos denunciaron exigencias de “cobro de piso” de hasta 50 mil pesos mensuales para permitir la realización de encuentros deportivos.
Ante la falta de vigilancia policial, algunas ligas optaron por contratar seguridad privada para reanudar actividades. Ese fue el contexto en el que se organizó el partido en Loma de Flores, donde parte del personal de seguridad también perdió la vida, presuntamente de una empresa ligada al CJNG.
Hoy, los campos donde jugaban Fernando y Enrique permanecen en silencio. Sus nombres se suman a una lista que duele en una región donde el futbol, antes refugio comunitario, se ha convertido también en escenario de la violencia.
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