De Venezuela a Colombia: ¿por qué 2026 está dejando terremotos tan destructivos en América Latina?

Elena Martínez 13 agosto, 2026

La tragedia colombiana llegó pocas semanas después de que Venezuela fuera sacudida el 24 de junio por una secuencia extraordinariamente fuerte

 ©EFE. - La tragedia colombiana llegó pocas semanas después de que Venezuela fuera sacudida el 24 de junio por una secuencia extraordinariamente fuerte.

Los terremotos de gran magnitud registrados en Venezuela y Colombia durante 2026 han vuelto a colocar a América Latina bajo la mirada de especialistas en sismología. En menos de dos meses, dos zonas del norte de Sudamérica experimentaron movimientos superiores a magnitud 7, capaces de provocar daños severos y dejar cientos de víctimas, aunque los científicos advierten que su cercanía temporal no significa que estén conectados.

El episodio más reciente ocurrió el 10 de agosto en Colombia, donde un terremoto de magnitud 7.4 tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad aproximada de 103 kilómetros, de acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano. El movimiento se percibió en buena parte del territorio y desencadenó una emergencia por los derrumbes y daños registrados en diferentes ciudades.

La tragedia colombiana llegó pocas semanas después de que Venezuela fuera sacudida el 24 de junio por una secuencia extraordinariamente fuerte. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 en el norte venezolano, cerca de la costa y al oeste de Caracas. Los movimientos fueron lo suficientemente intensos como para generar daños y deslizamientos en una amplia región.

La sucesión de grandes terremotos puede generar la impresión de que 2026 atraviesa un periodo sísmico excepcional en América Latina. Sin embargo, especialistas señalan que hasta ahora no existe evidencia científica que permita establecer una relación directa entre los terremotos de Venezuela y Colombia. Que hayan ocurrido con semanas de diferencia y con magnitudes semejantes no significa que uno haya provocado al otro.

¿Por qué América Latina registra terremotos tan fuertes?

La explicación está principalmente bajo la superficie. América Latina se encuentra atravesada por algunas de las zonas tectónicas más activas del planeta, donde distintas placas se desplazan, chocan o se introducen unas debajo de otras. Ese movimiento acumula esfuerzos durante años, décadas o incluso siglos hasta que las rocas se desplazan repentinamente sobre una falla y liberan energía en forma de ondas sísmicas.

La costa del Pacífico concentra buena parte de esta actividad debido a la interacción de placas como Nazca, Sudamericana, Cocos, Caribe y Norteamericana, dependiendo de la región. Por esa razón, países como Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México y diversas zonas de Centroamérica cuentan con una larga historia de terremotos destructivos. Venezuela, aunque suele asociarse menos con grandes sismos, también posee fallas capaces de generar movimientos importantes.

El caso de Colombia es especialmente complejo porque su territorio se encuentra en una región donde interactúan diferentes estructuras tectónicas. Sin embargo, la magnitud por sí sola tampoco determina cuán devastador será un terremoto. La profundidad, distancia a las ciudades, características del suelo, calidad de las construcciones y preparación de la población pueden marcar una enorme diferencia entre dos movimientos con magnitudes similares.

¿Realmente está temblando más durante 2026?

La concentración de grandes terremotos en un periodo relativamente corto no demuestra por sí misma que la Tierra esté entrando en una etapa de mayor actividad sísmica. Los terremotos no ocurren de manera uniforme: puede haber periodos en los que varios movimientos importantes coincidan temporalmente y otros en los que sean menos frecuentes, sin que esto represente necesariamente un cambio global en el comportamiento de las placas.

Tampoco existe actualmente un método científico capaz de establecer el día, la hora y el lugar exactos del próximo gran terremoto. Los sistemas modernos permiten identificar zonas de peligro, calcular probabilidades a largo plazo y emitir alertas una vez iniciado un movimiento en determinadas regiones, pero no anticipar con precisión cuándo se romperá una falla.

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