De Hernán Cortés a los pueblos indígenas: qué significa cambiar el nombre del Paso de Cortés

Metzli Escalante 11 agosto, 2026

¿Cambiar el nombre del Paso de Cortés por Paso de los Pueblos Indígenas borra la historia? Esto explica el historiador Federico Navarrete

 ©Cuartoscuro. - Paso de Cortés.

La propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de cambiar el nombre del Paso de Cortés por Paso de los Pueblos Indígenas abrió nuevamente el debate sobre cómo México recuerda la Conquista, qué personajes merecen permanecer en el espacio público y hasta dónde puede llegar una política de reivindicación de los pueblos indígenas.

¿Se trata de un gesto simbólico aislado o forma parte de una política de Estado sobre la memoria histórica?

Para Federico Navarrete, historiador e investigador de la UNAM, existe una línea de continuidad entre las decisiones tomadas durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y las medidas impulsadas por Sheinbaum, aunque también hay diferencias importantes entre ambas administraciones.

En entrevista con Sofía Villalobos a nombre de Guillermo Ortega, el especialista explicó que el debate no consiste únicamente en cambiar un nombre. En el fondo, plantea una discusión sobre la identidad mexicana, la relación histórica con España y la manera en que los pueblos indígenas han sido representados (o invisibilizados) durante siglos.

 ©Especial. - Federico Navarrete.

¿Qué relación existe entre la carta de AMLO a España y el cambio del Paso de Cortés?

El antecedente más importante se remonta a 2019, cuando López Obrador envió una carta al rey de España y al papa Francisco para plantear una revisión histórica de la Conquista, en el contexto de los 500 años de la llegada de los españoles a México.

De acuerdo con Navarrete, la intención era abrir un proceso para asumir responsabilidades históricas tanto por parte del Estado español como del Estado mexicano.

México, recordó el historiador, sí realizó posteriormente actos de petición de perdón a pueblos indígenas por violencias cometidas por el propio Estado mexicano, entre ellos los yaquis y los mayas.

La respuesta española, en cambio, fue rechazar la petición de López Obrador, lo que abrió un periodo de tensión diplomática entre ambos países. Para Navarrete, aquel episodio no puede entenderse únicamente como una disputa sobre el pasado.

El historiador considera que también representó un rompimiento con la relación particularmente cercana que durante años habían mantenido sectores de la derecha mexicana y española, especialmente durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Según su análisis, durante ese periodo existieron vínculos políticos y económicos estrechos que favorecieron inversiones españolas en México, particularmente en sectores como el energético.

Por ello, la revisión de la Conquista impulsada por López Obrador también formó parte de una política de distanciamiento respecto de aquella relación.

¿Claudia Sheinbaum continúa con la política de AMLO sobre la Conquista?

Navarrete considera que sí existe una continuidad, aunque con un cambio de énfasis.

Mientras López Obrador colocó en el centro la discusión sobre la Conquista y las disculpas históricas, Sheinbaum ha dado mayor importancia a la modificación de nombres de lugares y a la reivindicación de la presencia indígena en el espacio público.

El historiador recordó que desde 2021 Sheinbaum comenzó a impulsar cambios relacionados con la forma en que determinados sitios de la Ciudad de México son nombrados.

"Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum tomó el poder en 2024, ella mantuvo esta línea de de cuestionamiento de estas visiones hispanistas intolerantes y abiertamente racistas en muchos casos y de defensa de una visión nacionalista mexicana, por un lado, y también indigenista, es decir, de reivindicación de las culturas que existían antes de la era de los españoles en el llamado tiempo prehispánico y también de los pueblos indígenas en el presente, aunque con ciertos matices", expuso.

El caso más conocido es el cambio de Puente de Alvarado por Avenida México-Tenochtitlan.

Ahora, la propuesta de modificar el nombre del Paso de Cortés se inscribe, desde su perspectiva, en esa misma lógica.

Pero el debate no se limita a Hernán Cortés.

Para Navarrete, México está revisando quiénes son los personajes y acontecimientos que decide homenajear en sus calles, plazas, monumentos y espacios públicos.

¿Cambiar el nombre del Paso de Cortés significa borrar la historia?

Esta es una de las principales críticas que han surgido frente a este tipo de medidas: que retirar nombres asociados con la Conquista equivaldría a eliminar una parte de la historia mexicana.

Navarrete rechaza esa interpretación.

El historiador sostiene que cambiar el nombre de un lugar no puede borrar el pasado colonial, porque ese pasado permanece visible en buena parte del paisaje mexicano.

Como ejemplo mencionó el antiguo Puente de Alvarado.

Cuando se decidió cambiar su nombre, algunas personas argumentaron que se estaba intentando borrar la historia colonial. Sin embargo, basta recorrer la actual Avenida México-Tenochtitlan para encontrar numerosos edificios, iglesias y monumentos que forman parte de ese legado.

La diferencia, según Navarrete, está en qué se decide homenajear.

El especialista considera que Pedro de Alvarado fue uno de los capitanes más violentos de la Conquista y que no existe ninguna razón para que su nombre tenga que permanecer como homenaje en una avenida.

Su argumento es que las sociedades tienen derecho a cambiar de opinión.

“Yo creo que las sociedades tienen el derecho de cambiar los nombres de los lugares, de cambiarlas todo el tiempo”, explicó.

Desde esa perspectiva, retirar el nombre de un personaje histórico de una calle no significa eliminar su existencia de los libros ni de la memoria colectiva.

El debate de fondo: ¿qué parte de la historia se está reconociendo?

Para Navarrete, el verdadero riesgo no es que desaparezca el pasado colonial, sino que continúe invisibilizado el pasado indígena.

México, explicó, tiene una enorme cantidad de edificios, templos y monumentos que recuerdan el periodo colonial. Esa parte de la historia permanece presente y resulta imposible eliminarla simplemente cambiando algunos nombres. Lo que estaría ocurriendo es un intento de generar un nuevo equilibrio.

Por un lado, reconocer la importancia histórica y cultural del periodo colonial y, por otro, recuperar la presencia de los pueblos indígenas, cuya historia fue durante siglos minimizada, negada o relegada.

El especialista considera que ese equilibrio es necesario porque la identidad mexicana no puede reducirse únicamente a su herencia española.

¿Es suficiente cambiar nombres para reivindicar a los pueblos indígenas?

No. Este es uno de los puntos centrales de la reflexión de Navarrete. El historiador reconoce que los gestos simbólicos sí importan, porque contribuyen a modificar la manera en que una sociedad percibe a determinados grupos y personajes.

Cambiar un nombre puede hacer visible a una comunidad que durante mucho tiempo permaneció fuera de la representación oficial. Sin embargo, esos gestos no son suficientes.

Navarrete recordó que una de las principales críticas de los propios pueblos indígenas a las disculpas históricas es que no basta con pedir perdón por las violencias del pasado si esas comunidades continúan enfrentando despojos y violencia en el presente.

La verdadera reivindicación, sostuvo, tendría que traducirse en una transformación de la relación entre el Estado mexicano y los pueblos indígenas.

“¿De qué sirve pedir perdón de los despojos y de las violencias del pasado si en el presente sigue habiendo despojos y violencias? Si en el presente la violencia sigue siendo una amenaza a esas comunidades”, planteó.

Por eso, el cambio del nombre del Paso de Cortés puede ser significativo como símbolo, pero no debería convertirse en el punto final de una política indígena.

¿Qué otros nombres y monumentos podrían cambiar?

El debate podría extenderse. Navarrete recordó que en México prácticamente no existen estatuas dedicadas a Hernán Cortés y consideró poco probable que la sociedad mexicana demande actualmente homenajes públicos al conquistador.

También mencionó el caso de Cristóbal Colón, cuyas estatuas han sido objeto de controversia en México.

El historiador señaló que la estatua de Colón ubicada originalmente en Paseo de la Reforma fue colocada en 1892, cuatro siglos después de la llegada del navegante a América.

Su argumento es que una decisión tomada por una generación anterior no tiene por qué ser permanente.

Si una sociedad decidió colocar una estatua hace más de un siglo, otra generación puede decidir retirarla o sustituirla. La memoria pública, explicó, no es estática. Las sociedades cambian y, con ellas, también cambia la manera en que interpretan su pasado.

TE PUEDE INTERESAR:

¿La reconciliación entre México y España cambió el debate?

Aunque el gobierno de Sheinbaum ha buscado un acercamiento con España, Navarrete considera que esto no significa abandonar la discusión sobre la identidad mexicana.

El historiador destacó que el acercamiento diplomático reciente fue impulsado en buena medida desde España y representa una modificación respecto de la tensión que comenzó durante el gobierno de López Obrador.

Sin embargo, considera que Sheinbaum mantiene una posición política de fondo: México no puede definirse únicamente como un país hispano.

Para Navarrete, la identidad mexicana es mucho más compleja y está integrada por múltiples herencias culturales, entre ellas las de los pueblos indígenas.

En ese sentido, el debate sobre el Paso de Cortés no sería incompatible con una relación diplomática más cercana con España.

¿Qué hay detrás del cambio del Paso de Cortés?

La discusión, de acuerdo con el historiador, va mucho más allá de un nombre.

Se trata de decidir qué personajes son homenajeados, qué comunidades son visibles y qué historia quiere contar México desde sus espacios públicos.

La propuesta de cambiar el nombre del Paso de Cortés se suma así a una serie de decisiones que buscan modificar la representación de la Conquista y fortalecer el reconocimiento de los pueblos indígenas.

Pero Navarrete advierte que el verdadero reto comienza después del símbolo.

Si México quiere avanzar en una reivindicación histórica, el cambio de nombres tendría que estar acompañado por acciones concretas contra la violencia, el despojo y la desigualdad que todavía afectan a comunidades indígenas.

La memoria histórica puede cambiarse, pero no mediante el olvido.

Para el historiador, México puede modificar nombres, retirar estatuas o colocar nuevos monumentos sin borrar su pasado, porque la historia permanece en los edificios, los documentos, las ciudades y, sobre todo, en la memoria colectiva.

Lo que cambia es la manera en que una sociedad decide contarla y qué voces elige colocar en el centro.

Únete al canal de WhatsApp y recibe en tu celular lo más importante de México y el mundo con el análisis y la voz de Guillermo Ortega Ruiz.