Él es Alejandro Prieto Páramo: Dejó de ser policía para salvar su vida, pero murió en la masacre de Salamanca

Metzli Escalante 28 enero, 2026

Sobrevivió como policía, migró a EE.UU. y volvió para morir en el ataque de Loma de Flores: la historia de Alejandro Prieto Páramo

 ©Elaboración propia. - Alejandro Prieto Páramo.

Alejandro Prieto Páramo pasó dos décadas cuidando el orden vial en Salamanca, Guanajuato. Fue agente de Tránsito Municipal durante 20 años, hasta que la violencia lo alcanzó incluso en ese trabajo que parecía rutinario. Su familia le pidió que se retirara: “todavía lo querían con vida”. Alejandro obedeció. Renunció en 2016, dejó el uniforme y, años después, migró a Estados Unidos para buscar un futuro más seguro para los suyos.

Nunca imaginó que la muerte lo encontraría lejos de cualquier corporación, en una cancha de futbol amateur, haciendo lo que más le gustaba.

El domingo que no volvió

El domingo 25 de enero, Alejandro salió de casa alrededor del mediodía.

“Se fue como a las 12:00 del día. Me dijo ‘ahorita regreso’ y ya no volvió”, narró su nuera Claudia Ortega.

Esa tarde se jugaba un partido de futbol amateur entre los equipos Marañón y Biodent Dental Care en la comunidad de Loma de Flores, en Salamanca. Todo transcurría con normalidad. Familias, jugadores y aficionados convivían como cualquier domingo, hasta que, al finalizar el encuentro, un comando armado irrumpió en el campo.

El ataque fue directo y repentino. Los disparos sorprendieron a todos. No hubo tiempo de correr ni de resguardarse. El lugar se convirtió en una escena de caos: personas heridas, gritos de auxilio, sangre en el pasto.

El saldo fue devastador: 10 personas murieron en el lugar y una más falleció posteriormente en el hospital.

Entre ellas estaba Alejandro Prieto Páramo.

 ©Especial. - Funeral de Alejandro Prieto Páramo.

“Dejó un trabajo peligroso para seguir vivo”

Alejandro tenía 53 años. Era padre de dos hijos, abuelo de cuatro nietos y un apasionado del futbol, en especial de los Pumas. Ese fin de semana había regresado a las canchas por primera vez en el año. El sábado 24 de enero había celebrado el cumpleaños número tres de uno de sus nietos. Estaba contento. Su familia lo recuerda sonriente, cercano, tranquilo.

Vivía en la colonia San Roque. Su esposa le pedía que ya no acudiera a partidos, que se cuidara. Un día antes del ataque había habido balazos en la zona. Pero Alejandro confiaba.

"Yo no le debo nada a nadie, no tengo problemas con nadie”, les decía.

A las 17:00 horas del domingo, su hijo César recibió una llamada mientras entregaba el salón donde se había realizado la fiesta infantil. Un amigo le avisó del ataque en el campo de Loma de Flores.

César llegó en menos de cinco minutos.

“Había caos por todos lados, gente corriendo desesperada”, recuerda para Milenio.

A lo lejos reconoció a su padre. Tenía la playera ensangrentada. Su amigo lo sostenía. Lo subieron a una camioneta y lo llevaron de inmediato al IMSS. Minutos después, el personal médico confirmó lo inevitable: Alejandro ya no tenía signos vitales.

“Dejó un trabajo peligroso para seguir con vida y lo perdimos cuando fue a hacer lo que más le gustaba: ver futbol”, resume César.

 ©Especial. - Alejandro Prieto Páramo.

Un extránsito, un migrante, un hombre solidario

Alejandro ingresó al Tránsito Municipal en 1995. Permaneció en el servicio público hasta que las amenazas y los ataques contra agentes se volvieron frecuentes. Su familia le pidió renunciar. Tiempo después migró a Los Ángeles, donde trabajó y se mantuvo activo en la comunidad migrante.

“Él se dio de baja porque empezaron los problemas fuertes con los tránsitos, porque ya no era seguro, porque empezaron las amenazas”, expone su familia.

Desde Estados Unidos organizaba kermeses y colectas para ayudar a familias víctimas de la violencia en Salamanca. En marzo de 2025, tras un ataque en San José de Mendoza que dejó siete muertos, Alejandro impulsó apoyos económicos para los deudos.

“Cuando me enteré de lo de Loma de Flores pensé avisarle para que mandara información… y luego me dijeron que él había sido una de las víctimas. Duele. Desde Los Ángeles nos unimos. Todos somos Loma de Flores”, expresó su amigo Juan Mosqueda.

Había regresado en diciembre para pasar las fiestas con su familia y celebrar los quince años de su nieta. Ese sería su último viaje a casa.

El último adiós en San José de Mendoza

Alejandro Prieto Páramo, conocido como “Ritos”, fue despedido en la comunidad de San José de Mendoza. Más de 100 personas acudieron a la misa de cuerpo presente. No hubo presencia de corporaciones de seguridad durante el cortejo fúnebre.

Entre lágrimas, cohetes y el eco de “Amor Eterno”, familiares y amigos lo acompañaron hasta el panteón de la comunidad.

Durante la homilía, el sacerdote José Gómez lanzó un mensaje que resonó entre los asistentes:

“Quienes tienen que parar la violencia, que lo hagan. La muerte por violencia no es voluntad de Dios”.

Pidió reencontrarse con la fe como camino hacia la paz y subrayó la urgencia de una vida sin miedo.

 ©Especial. - El último adiós en San José de Mendoza.

Una comunidad herida

Hoy, Salamanca vuelve a vestir de luto. La comunidad recuerda a Alejandro Prieto Páramo no como una estadística más, sino como el hombre que dejó la policía para sobrevivir, migró para proteger a su familia y murió por una violencia que ya había intentado dejar atrás.

Su hija Brenda lo despidió con un mensaje que atraviesa el duelo:

“Sé feliz entre los ángeles y las estrellas. Te recordaremos como el gran padre que fuiste”.

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