Cómo es el Big Brother del narco, así espían los delincuentes a los ciudadanos en Tamaulipas

Alejandra Jiménez 4 febrero, 2026

Cárteles del narcotráfico han instalado cámaras clandestinas en calles, comercios y postes de luz en Tamaulipas para vigilar a la población y a negocios

 ©Especial - Con estas acciones, los cárteles refuerzan delitos como la extorsión y el cobro de piso, en un esquema de dominio territorial que especialistas comparan con un “Big Brother” criminal.

El crimen organizado en Tamaulipas ha creado su propio sistema de videovigilancia ilegal, utilizando infraestructura pública y tecnología de bajo costo para espiar a ciudadanos, monitorear comercios y fortalecer el control social. Autoridades estatales reconocen el crecimiento del fenómeno, mientras expertos advierten un rezago institucional frente al avance del halconeo digital.

El narco vigila desde las alturas

Julia nunca había prestado atención a los postes de luz de su colonia. Todo cambió cuando descubrió que, desde una estructura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), una cámara clandestina apuntaba directamente hacia su calle. La instalación fue silenciosa y precisa, pero su aparición coincidió con amenazas de cobro de cuota a comerciantes y con intentos de secuestro virtual en la zona.

Casos como el suyo se han vuelto cada vez más frecuentes en Tamaulipas, donde grupos del crimen organizado han montado redes de vigilancia propias para observar la vida cotidiana de barrios enteros.

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El origen: la profesionalización del halconeo

Especialistas ubican entre 2007 y 2008 el inicio de la llamada “profesionalización de la delincuencia” en la entidad. En ese periodo, Los Zetas, entonces brazo armado del Cártel del Golfo, comenzaron a integrar tecnología para reforzar el halconeo, actividad que antes dependía únicamente de informantes humanos.

“El objetivo era dominar totalmente el territorio: carreteras, comercios y colonias completas”, explica Manuel Balcázar Villarreal, investigador del ITAM. Con el tiempo, este modelo fue adoptado por todas las células delictivas que operan en el estado.

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Así operan las cámaras del narco

Aprovechando la infraestructura eléctrica y redes de telecomunicaciones existentes, los grupos criminales instalaron cámaras con conexión Wi-Fi, antenas y módems ocultos en cajas falsas o luminarias. Paradójicamente, el sistema estatal de videovigilancia no comenzó a operar sino hasta 2013.

 ©Especial - Cámaras apócrifas

El desarrollo de estas redes también implicó el rapto de técnicos especializados. Entre los casos documentados destacan la desaparición de trabajadores de Nextel en 2009 y de un empleado de la CFE en 2015.

Explosión de decomisos y expansión territorial

Aunque durante años los aseguramientos fueron mínimos, en 2025 la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas reportó la incautación de 352 cámaras clandestinas, casi una por día. Además de ciudades fronterizas como Reynosa y Matamoros, el fenómeno se extendió al sur del estado, incluyendo Tampico, Madero y Altamira.

En Abasolo, autoridades desmantelaron recientemente una central de monitoreo instalada en un inmueble particular, donde se decomisaron armas, uniformes tácticos y se detuvo a cuatro personas.

 ©Especial - La SSP de Tamaulipas ha incautado 352 cámaras clandestinas.

Del espionaje policial al control social

Expertos coinciden en que el uso de estas cámaras ya no se limita a vigilar a fuerzas de seguridad. “Ahora observan la vida cotidiana de la población para fortalecer delitos como la extorsión y el narcomenudeo”, señala Gerson Mata Estrada, investigador del CESIG.

Este control permite a los criminales calcular ingresos de negocios y determinar el monto de las cuotas, reforzando la intimidación con presencia armada.

Instituciones rebasadas

Durante 2025, la extorsión en Tamaulipas aumentó 38%, según cifras oficiales. No obstante, los especialistas advierten que muchos hallazgos de cámaras ilegales se logran por denuncias ciudadanas y no por labores de inteligencia.

Balcázar Villarreal alerta que los grupos criminales ya incorporan inteligencia artificial para planear operaciones logísticas y lavado de dinero, mientras que las autoridades carecen de perfiles especializados en el ciberespacio.

Vivir bajo sospecha

Tras el retiro de las cámaras frente a su casa, Julia y sus vecinos cambiaron su rutina: dejaron de recibir visitas y limitaron su vida social. “Sabían nuestros horarios y hasta el color de la fachada. Nos dio terror”, relata.

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