Michoacán revive el “Culiacanazo”: así funciona la estrategia criminal para frenar capturas mediante caos en las calles

Elena Martínez 19 agosto, 2026

Esta capacidad de trasladar la violencia al espacio público fue una de las principales características del Culiacanazo

 ©Redes sociales. - La jornada violenta comenzó durante un operativo de fuerzas federales contra la estructura de Heraclio Guerrero Martínez, alias “El Tío Lako”.

Los bloqueos carreteros, vehículos incendiados y hechos de violencia registrados este miércoles 19 de agosto en Michoacán volvieron a mostrar una estrategia utilizada por grupos criminales cuando las fuerzas federales golpean sus estructuras. La respuesta consiste en extender el conflicto fuera del sitio donde ocurre un operativo y trasladarlo rápidamente a calles y carreteras para multiplicar los puntos de emergencia.

La jornada violenta comenzó durante un operativo de fuerzas federales contra la estructura de Heraclio Guerrero Martínez, alias “El Tío Lako”, identificado como líder regional del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Aunque el presunto líder criminal no fue detenido, las autoridades capturaron a nueve personas vinculadas con su célula, entre ellas integrantes de su círculo cercano.

La reacción se extendió rápidamente por diferentes puntos de Michoacán. Las autoridades contabilizaron más de 20 bloqueos, principalmente en regiones como La Piedad, Ecuandureo y Zamora. Vehículos fueron atravesados e incendiados sobre carreteras mientras las corporaciones desplegaban elementos para recuperar las vialidades y contener nuevos incidentes.

Lo ocurrido recordó al llamado “Culiacanazo” de 2019, cuando el operativo para detener a Ovidio Guzmán López desencadenó una reacción coordinada del Cártel de Sinaloa. Aquel episodio dejó al descubierto cómo una organización criminal podía sacar la confrontación del lugar de una captura y convertir diferentes puntos de una ciudad en escenarios simultáneos de violencia.

Del operativo contra un líder al caos en las calles

La lógica de estos despliegues consiste en multiplicar los problemas que las autoridades deben atender simultáneamente. Un operativo puede comenzar concentrado en una vivienda, comunidad o tramo carretero, pero la aparición de incendios y bloqueos en lugares alejados obliga a movilizar policías, militares, bomberos y servicios de emergencia.

Las carreteras desempeñan un papel particularmente importante. Cerrar accesos puede retrasar el desplazamiento de refuerzos, mientras atravesar vehículos pesados o incendiarlos obliga a las autoridades a destinar personal y recursos para liberar las vías. La fuerza criminal deja entonces de concentrarse únicamente en enfrentar directamente a militares o policías.

También existe un componente de presión sobre la población. Las imágenes de vehículos incendiados y carreteras cerradas provocan cambios en rutas de transporte, suspensión de actividades y temor entre habitantes. El impacto de una operación de seguridad puede transformarse así en cuestión de minutos en un problema que afecta a comunidades completas.

Esta capacidad de trasladar la violencia al espacio público fue una de las principales características del Culiacanazo. Durante aquella jornada, los integrantes del crimen organizado ampliaron los enfrentamientos a distintos puntos de Culiacán y pusieron bajo presión a las autoridades mientras Ovidio Guzmán permanecía retenido.

El precedente que dejó el Culiacanazo

El 17 de octubre de 2019, fuerzas federales localizaron a Ovidio Guzmán en Culiacán. La reacción del Cártel de Sinaloa incluyó enfrentamientos, bloqueos e incendios en diferentes puntos de la ciudad, además de acciones que colocaron a las autoridades ante una crisis que trascendió ampliamente el lugar donde inicialmente se desarrollaba el operativo.

La presión alcanzó tal magnitud que el gobierno federal decidió liberar a Guzmán López para evitar una mayor pérdida de vidas. El episodio quedó como uno de los ejemplos más importantes en México de la capacidad de una organización criminal para intentar modificar el resultado de un operativo mediante violencia coordinada en espacios públicos.

Años después, durante la captura definitiva de Ovidio Guzmán en enero de 2023, Sinaloa volvió a registrar bloqueos, vehículos incendiados y enfrentamientos. En esa ocasión la detención se mantuvo, pero nuevamente quedó demostrado que los grupos criminales podían desplegar acciones simultáneas como reacción ante la captura de uno de sus principales integrantes.

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