¿Por qué Harfuch se está convirtiendo en el principal interlocutor mexicano ante EE.UU. en seguridad?

Metzli Escalante 21 agosto, 2026

De un atentado a ser “socio de confianza” de la DEA: así creció el poder de Omar García Harfuch y la confianza con Estados Unidos

 ©Cuartoscuro. - Omar García Harfuch.

Omar García Harfuch se ha convertido en una de las principales figuras de la cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos. Su relación con agencias como la DEA, el FBI y funcionarios de la administración de Donald Trump, así como su papel al frente del Gabinete de Seguridad, lo han colocado como un interlocutor clave en temas como narcotráfico, tráfico de armas, intercambio de inteligencia y extradiciones, incluso en momentos de tensión entre ambos gobiernos.

Del atentado de 2020 a la primera línea de la seguridad nacional

La historia de Omar García Harfuch con la violencia comenzó mucho antes de convertirse en secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. La mañana del 26 de junio de 2020, cuando todavía era secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, viajaba por Lomas de Chapultepec cuando un grupo de hombres armados emboscó su vehículo.

Las balas alcanzaron su clavícula, brazo y rodilla. Dos integrantes de su equipo de seguridad murieron. Harfuch sobrevivió y, de acuerdo con los relatos sobre el atentado, tomó uno de los fusiles para responder al ataque mientras esperaba la llegada de los refuerzos.

Aquel episodio terminó convirtiéndose en uno de los momentos que marcarían su carrera.

Después del atentado, continuó al frente de la policía capitalina y fue reconocido por los operativos contra organizaciones criminales en la Ciudad de México.

Ahora, como titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, su papel ha adquirido una dimensión mucho mayor: es uno de los principales responsables de la estrategia federal de seguridad y uno de los funcionarios mexicanos que mantiene comunicación más frecuente con Washington.

Y ahí está la clave para entender por qué Harfuch se ha convertido en un interlocutor privilegiado entre ambos países.

El elogio de la DEA que puso los reflectores sobre Harfuch

La señal más reciente llegó desde Buenos Aires.

Durante la Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC) 2026, organizada por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) y el Ministerio de Seguridad de Argentina, el director de la agencia estadounidense, Terrance “Terry” Cole, calificó a Harfuch como un “socio de confianza” y “buen amigo de Estados Unidos”.

El mensaje fue pronunciado ante responsables de seguridad de más de 100 países.

Cole destacó la trayectoria del funcionario mexicano y recordó que lleva casi dos décadas dedicado a labores de seguridad. También hizo referencia al atentado que sufrió en 2020 y a su regreso a las funciones públicas después del ataque.

El director de la DEA sostuvo que combatir a las organizaciones criminales transnacionales requiere inteligencia, investigaciones, operaciones coordinadas y capacidad para desmantelar las redes criminales.

También destacó la importancia de compartir información, capturar objetivos prioritarios y afectar las cadenas de suministro de las organizaciones criminales.

Al finalizar su intervención, Cole agradeció directamente a Harfuch por su liderazgo, amistad y colaboración.

La importancia del mensaje no está solamente en el elogio personal.

También revela el nivel de confianza que Washington está depositando en un funcionario mexicano en un momento particularmente complejo de la relación bilateral.

¿Por qué Harfuch es tan importante para Estados Unidos?

La respuesta está en el lugar que ocupa dentro de la estructura de seguridad del gobierno de Sheinbaum.

Como secretario de Seguridad y coordinador del Gabinete de Seguridad, Harfuch participa directamente en las decisiones relacionadas con narcotráfico, organizaciones criminales, tráfico de armas, inteligencia y coordinación con las Fuerzas Armadas.

Pero, además, se ha convertido en un punto de contacto frecuente con las agencias estadounidenses.

Desde 2025 ha sostenido encuentros públicos con funcionarios de alto nivel de Estados Unidos y también reuniones privadas con responsables de agencias de inteligencia y seguridad.

Entre ellos se encuentran:

  • Terry Cole, director de la DEA.

  • Kash Patel, director del FBI.

  • John Ratcliffe, director de la CIA.

  • Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional.

  • Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México.

  • Otros funcionarios del Departamento de Justicia y del Departamento de Estado.

En marzo, Harfuch se reunió con Kash Patel en el contexto de la entrega de 29 narcotraficantes a Estados Unidos.

También ha mantenido encuentros con Cole: uno en Washington y otro en agosto, durante la conferencia de la DEA en Buenos Aires.

La frecuencia de estos encuentros explica por qué su figura ha ganado peso como interlocutor de seguridad.

“La información ha fluido muchísimo más rápido”

Harfuch también ha dejado claro que la relación con la DEA ha cambiado. Después de recibir los elogios de Cole, el secretario mexicano aseguró que desde la llegada del funcionario estadounidense la información entre ambos países comenzó a circular con mayor rapidez.

Incluso describió una práctica que, según dijo, ha permitido acelerar algunas operaciones: ambos gobiernos intercambian información de manera informal para evitar que determinados procedimientos burocráticos retrasen la respuesta.

“Desde su llegada la información ha fluido muchísimo más rápido”, explicó Harfuch.

El funcionario reconoció que en ocasiones han buscado agilizar los procedimientos para obtener resultados operativos. Para Harfuch, esa dinámica se traduce en una palabra: confianza.

Y esa confianza es particularmente relevante porque la cooperación bilateral en seguridad ocurre en un contexto en el que México mantiene una posición firme respecto a la soberanía nacional.

La paradoja: más cooperación con Estados Unidos, pero con límites

La relación entre México y Estados Unidos no atraviesa precisamente su momento más sencillo.

La administración de Donald Trump ha ejercido presión sobre México mediante amenazas arancelarias, cancelaciones de visas, exigencias para combatir a los cárteles y reclamos relacionados con el tráfico de fentanilo.

Al mismo tiempo, Washington ha aumentado la presión sobre personas vinculadas políticamente con el entorno del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

El episodio más reciente ocurrió después de que uno de los hijos de López Obrador, Andy López Beltrán, reportara la revocación de su visa estadounidense. Sheinbaum cuestionó la decisión y la calificó como una medida con “sentido político”.

La Embajada de Estados Unidos respondió que las visas son un privilegio y que pueden ser canceladas cuando existan razones para hacerlo, independientemente de quién sea su titular.

En medio de este escenario, la cooperación en seguridad ha seguido avanzando. Y Harfuch está en el centro de esa relación.

México y la DEA: una historia complicada

La participación de Harfuch en la conferencia de la DEA en Buenos Aires también tuvo un componente político.

Sheinbaum reconoció que México inicialmente había decidido no participar debido a la historia de la relación entre la agencia estadounidense y México. Durante el gobierno de López Obrador, la cooperación con la DEA sufrió fuertes restricciones.

En 2020, su administración limitó las operaciones de agentes extranjeros en territorio mexicano mediante cambios legales que endurecieron las reglas para las agencias de seguridad de otros países.

Sheinbaum ha mantenido una posición distinta.

Su gobierno busca fortalecer la cooperación con Estados Unidos, pero sin permitir que esa colaboración se convierta en una intervención estadounidense dentro de México.

Esa combinación, cooperación operativa y defensa de la soberanía, es uno de los equilibrios que Harfuch debe administrar.

El narcotráfico y las armas: los dos grandes puntos de coincidencia

La agenda de seguridad entre México y Estados Unidos tiene dos problemas centrales. El primero es el tráfico de drogas, especialmente el fentanilo y otras sustancias sintéticas. El segundo es el tráfico de armas de Estados Unidos hacia México.

La DEA anunció recientemente una nueva iniciativa de colaboración con investigadores mexicanos que incluye capacitaciones durante varias semanas para combatir el tráfico de drogas.

El programa también contempla el tráfico de armas dentro de su agenda, bajo el llamado “Proyecto Portero”.

Para México, este punto resulta particularmente importante porque las autoridades han señalado durante años que una parte importante de las armas utilizadas por organizaciones criminales mexicanas proviene de Estados Unidos.

Así, mientras Washington exige resultados contra el narcotráfico, México insiste en que la responsabilidad también debe incluir el flujo de armas hacia el sur.

Las extradiciones también cambiaron el tablero

Otro elemento que ha fortalecido la cooperación ha sido la entrega de presuntos integrantes de organizaciones criminales a Estados Unidos.

En febrero, el gobierno de Sheinbaum autorizó el traslado de importantes narcotraficantes para que enfrentaran procesos judiciales en territorio estadounidense.

Otro grupo fue entregado posteriormente.

Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, en enero de 2025, México ha enviado a Estados Unidos alrededor de un centenar de presuntos delincuentes, entre ellos figuras relevantes del narcotráfico.

Estas operaciones han colocado nuevamente a la cooperación bilateral contra el crimen organizado en el centro de la relación México-Estados Unidos.

Y Harfuch ha tenido un papel central en ellas.

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Harfuch también es un visitante frecuente de Washington

La relación con Estados Unidos ha convertido a Harfuch en un visitante recurrente de Washington. Ha sostenido reuniones con funcionarios del Departamento de Justicia, el Departamento de Estado y distintas agencias de inteligencia y seguridad. Su papel incluso ha recibido elogios de funcionarios estadounidenses.

Mauricio Claver-Carone, quien fue enviado de Trump para América Latina hasta finales de mayo, llegó a describirlo como “probablemente el mejor interlocutor del lado mexicano” que había conocido en su experiencia.

La valoración ayuda a explicar el lugar que Harfuch ocupa actualmente.

No se trata únicamente de que sea el secretario mexicano de Seguridad. Es el funcionario que concentra buena parte de la comunicación operativa entre los dos países cuando la conversación gira alrededor de crimen organizado, inteligencia, drogas, armas y extradiciones.

¿Y qué pasa dentro del gobierno mexicano?

El ascenso de Harfuch también tiene consecuencias dentro de México.

La presidenta Sheinbaum le ha delegado cada vez más responsabilidades en materia de seguridad, lo que ha incrementado su exposición pública y política. Ese crecimiento no ocurre en el vacío.

El secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, mantiene una relación institucional con Harfuch y ambos han aparecido juntos en operaciones y recorridos de seguridad. Sin embargo, versiones citadas en el material de origen señalan que dentro del gobierno existen tensiones por la ampliación del papel del titular de la SSPC.

Trevilla Trejo no respondió a esas versiones. Ambos funcionarios, sin embargo, han trabajado públicamente de manera coordinada.

A finales del año pasado, por ejemplo, recorrieron Culiacán después de que estallara la confrontación entre facciones del Cártel de Sinaloa.

El estilo Harfuch: pocas palabras y mucha seguridad

La imagen pública del secretario también ha contribuido a su creciente popularidad.

Harfuch suele hablar poco y responder de manera directa. Sus apariciones públicas están rodeadas de fuertes medidas de seguridad y rara vez se le ve fuera de actividades relacionadas con su trabajo.

Un abogado que lo conoce desde hace años, Ilan Katz, lo describió como alguien prácticamente absorbido por sus funciones. “Para Omar, este trabajo es su vida”, señaló.

Cada mañana entre semana participa en reuniones de seguridad alrededor de las 06:00 horas con la presidenta y otros integrantes del gabinete.

Posteriormente aparece en las conferencias de prensa de Sheinbaum, particularmente durante las sesiones dedicadas a seguridad.

Su imagen de funcionario reservado, su exposición en operativos y el atentado que sobrevivió en 2020 han contribuido a construir una figura pública singular. Incluso recibió un apodo popular: “Batman”.

¿Qué significa todo esto para México?

La relación entre Harfuch y Washington revela un cambio importante en la estrategia de seguridad del gobierno de Sheinbaum.

México pasó de una etapa de fuertes restricciones a la cooperación con la DEA a una fase en la que el intercambio de inteligencia vuelve a ocupar un lugar central.

Pero existe una diferencia fundamental: la administración de Sheinbaum intenta aumentar la cooperación sin ceder el control de las operaciones dentro del territorio mexicano.

En ese delicado equilibrio, Harfuch funciona como una especie de puente. Washington quiere resultados contra los cárteles, el fentanilo, el tráfico de armas y el lavado de dinero.

México necesita cooperación, información y tecnología, pero también busca evitar cualquier señal de intervención extranjera. Por eso el elogio de Terry Cole importa.

Más que una felicitación personal, muestra que Omar García Harfuch se ha convertido en una de las principales piezas de comunicación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad.

Y mientras la relación bilateral siga marcada por aranceles, migración, visas, narcotráfico y presiones políticas, ese papel probablemente será cada vez más importante.

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