Qué antojitos mexicanos pueden causar diarrea explosiva y cómo reconocer el riesgo

Anahlin Rosales 18 julio, 2026

El brote de Cyclospora registrado en Estados Unidos fue relacionado con lechuga iceberg procedente de México. En territorio mexicano no existe una alerta oficial contra el consumo de este vegetal, pero varios antojitos lo utilizan crudo y requieren una correcta limpieza y desinfección

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El brote de Cyclospora relacionado con lechuga iceberg procedente de México encendió las alertas en Estados Unidos después de acumular mil 644 personas enfermas y 94 hospitalizaciones en cinco estados.

La investigación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos encontró un proveedor común de lechuga utilizada en restaurantes Taco Bell de Indiana, Kentucky, Michigan, Ohio y Virginia Occidental. La autoridad estadounidense todavía analiza dónde ocurrió la contaminación y si el producto llegó a más establecimientos o canales de distribución.

En México, Cofepris no ha publicado una alerta que prohíba comer lechuga iceberg ni ha informado que el producto investigado en Estados Unidos se comercializara dentro del país. El riesgo para los consumidores mexicanos no puede darse por confirmado únicamente porque el vegetal procediera de territorio nacional.

Sin embargo, la investigación permite revisar qué antojitos mexicanos llevan lechuga cruda rallada, el ingrediente donde podría permanecer el parásito si fue cultivado, lavado o manipulado con agua contaminada.

Tostadas, sopes y tacos dorados llevan lechuga sin cocinar

Las tostadas de tinga, pata, pollo o picadillo suelen cubrirse con una cantidad abundante de lechuga rallada, además de crema, queso y salsa. Al colocarse al final de la preparación, el vegetal no recibe ningún tratamiento con calor.

Lo mismo ocurre con los sopes, huaraches, chalupas mexicanas, gorditas y tlacoyos cuando se sirven con lechuga fresca. Aunque la masa, los frijoles y la carne estén bien cocidos, el parásito puede incorporarse al platillo mediante el vegetal crudo.

Los tacos dorados y las flautas también suelen acompañarse con lechuga o col rallada. El aceite caliente cocina el relleno y la tortilla, pero no elimina un microorganismo presente en la guarnición colocada después.

El riesgo no depende del nombre del antojito ni de que se venda en la calle. Aparece cuando la lechuga estuvo en contacto con materia fecal, agua contaminada, manos sucias, superficies sin desinfectar o alimentos que causaron una contaminación cruzada.

 ©Cuartoscuro - Los pambazos reciben lechuga al final.

Pambazos, tortas y pozole también pueden incluirla

El pambazo se fríe o calienta antes de servirse, pero en muchas regiones se abre al final para agregar lechuga, crema y queso. Una lechuga contaminada puede llegar al consumidor aunque el resto del alimento haya alcanzado temperaturas elevadas.

Las tortas de pierna, milanesa, jamón, pollo o carne enchilada también pueden incorporar hojas o tiras de lechuga cruda. En estos casos conviene observar que el vegetal se mantenga refrigerado, limpio y separado de carnes o utensilios sin lavar.

El pozole tiene una preparación prolongada, pero la lechuga o col se sirve cruda en un recipiente aparte. El riesgo puede presentarse cuando las guarniciones permanecen durante horas a temperatura ambiente y varias personas utilizan las mismas cucharas o las manipulan directamente.

Otros alimentos que pueden llevar lechuga cruda son las enchiladas, tostadas de ceviche, tacos placeros, ensaladas de nopales, cemitas y algunas versiones de quesadillas o gorditas.

Eso no significa que estos platillos estén contaminados. La presencia de lechuga únicamente crea una posible vía de transmisión cuando el vegetal contiene Cyclospora cayetanensis.

La desinfección ayuda pero puede no eliminar el parásito

Cyclospora es un parásito microscópico que llega al organismo mediante agua o alimentos contaminados con materia fecal. Los brotes registrados en Estados Unidos han sido relacionados con diferentes frutas, verduras y hierbas frescas.

El síntoma más frecuente es una diarrea acuosa intensa y repetitiva, descrita coloquialmente como diarrea explosiva. También pueden aparecer cólicos, inflamación abdominal, gases, náuseas, falta de apetito, fatiga y pérdida de peso.

Las molestias suelen comenzar alrededor de una semana después de consumir el alimento contaminado, aunque pueden presentarse desde dos días después o tardar más de dos semanas.

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