Doce terremotos de magnitud 7 sacuden al mundo en 2026: ¿qué hay detrás de la intensa actividad sísmica?

Elena Martínez 21 agosto, 2026

Que varios terremotos fuertes ocurran en un periodo relativamente corto no significa necesariamente que exista una anomalía global

 ©Canva. - Que varios terremotos fuertes ocurran en un periodo relativamente corto no significa necesariamente que exista una anomalía global.

El terremoto de magnitud 7.2 registrado en Perú volvió a poner la atención sobre la intensa actividad sísmica que ha marcado 2026. Con este movimiento, ya son 12 terremotos de magnitud superior a 7 contabilizados este año en diferentes regiones del planeta, una sucesión que puede generar la impresión de que la Tierra está atravesando un periodo extraordinariamente activo.

Los movimientos han alcanzado países y regiones tan distantes como México, Colombia, Perú, Venezuela, Indonesia, Filipinas, Japón, Tonga, Vanuatu y Malasia. El más intenso del recuento alcanzó una magnitud de 7.8, mientras que solamente durante las últimas semanas se produjeron fuertes terremotos en Colombia e Indonesia.

México también aparece dentro de esta cadena. El 17 de julio de 2026, un terremoto de magnitud 7.3 se registró frente a las costas de Chiapas, cerca de Puerto Madero. Posteriormente se produjeron numerosas réplicas, mientras autoridades y especialistas mantuvieron vigilancia sobre la evolución de la actividad sísmica en la región. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) también registra el evento mexicano con magnitud 7.3.

Semanas después, el 10 de agosto, Colombia fue golpeada por otro terremoto de magnitud 7.4, localizado cerca de San José del Palmar. Apenas cuatro días más tarde, Indonesia registró un nuevo terremoto de 7.7 cerca de Ende. La cercanía temporal entre movimientos de semejante intensidad ha aumentado las preguntas sobre si existe alguna conexión entre ellos.

¿Hay más terremotos de lo normal en 2026?

Que varios terremotos fuertes ocurran en un periodo relativamente corto no significa necesariamente que exista una anomalía global. Los grandes sismos no se distribuyen de manera uniforme durante el año: pueden pasar semanas o meses sin eventos de magnitud superior a 7 y posteriormente registrarse varios en pocos días.

Además, un terremoto en una región del planeta no desencadena automáticamente otro a miles de kilómetros de distancia. Para establecer una relación entre dos movimientos se necesitan analizar elementos como la distancia entre ellos, las fallas involucradas, la transferencia de esfuerzos en la corteza terrestre y la secuencia temporal. La simple cercanía de fechas no demuestra que pertenezcan a una misma cadena sísmica.

El USGS mantiene un monitoreo permanente de los terremotos alrededor del mundo y dispone de un catálogo que permite consultar los movimientos por fecha, ubicación y magnitud. Los registros muestran que la actividad sísmica es constante y que cada año ocurren terremotos fuertes en distintas regiones tectónicamente activas.

Lo que sí resulta llamativo en 2026 es la concentración reciente de terremotos de gran magnitud. Colombia registró el 7.4 del 10 de agosto e Indonesia el 7.7 del 14 de agosto, mientras que Perú fue sacudido el 20 de agosto por un terremoto reportado en magnitud 7.2 por autoridades peruanas. En menos de dos semanas, distintas zonas del planeta experimentaron movimientos suficientemente fuertes como para captar atención internacional.

México, Colombia, Indonesia y Perú: ¿están conectados?

Aunque algunos de los países afectados se encuentran alrededor del Cinturón de Fuego del Pacífico, eso tampoco significa que sus terremotos formen parte de una sola secuencia. Esta enorme zona concentra límites de placas tectónicas y, por ello, una proporción importante de la actividad sísmica y volcánica del planeta.

México, Colombia, Perú, Japón, Filipinas e Indonesia se encuentran en regiones donde interactúan diferentes placas tectónicas. Esa característica ayuda a explicar por qué los terremotos fuertes son recurrentes en estos territorios, pero cada evento debe estudiarse de acuerdo con el sistema tectónico donde ocurrió.

El terremoto de México del 17 de julio, por ejemplo, ocurrió frente a Chiapas, mientras que el de Colombia del 10 de agosto tuvo características y una localización distintas. El movimiento colombiano alcanzó magnitud 7.4 y una profundidad aproximada de 110 kilómetros, mientras que el terremoto de Indonesia del 14 de agosto fue mucho más superficial, con unos 10 kilómetros de profundidad.

La profundidad importa porque modifica la manera en que las ondas sísmicas llegan a la superficie y el área en la que puede sentirse un terremoto. Dos sismos con magnitudes parecidas pueden producir efectos muy diferentes dependiendo de su profundidad, distancia respecto de ciudades, características del suelo y calidad de las construcciones.


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