Perú vota entre 35 candidatos en la elección presidencial más fragmentada y decisiva de su historia reciente

Alejandra Jiménez 12 abril, 2026

Más de 27 millones de peruanos acuden a las urnas en una elección inédita

 ©Especial - La jornada electoral en Perú se desarrolla en medio de una crisis sin precedentes, con un electorado dividido, instituciones debilitadas y un escenario complejo

Perú vota este domingo en una elección que no sólo definirá a su próximo presidente, sino que pondrá a prueba la capacidad del sistema político para sostenerse en medio de una de las crisis más profundas de su historia reciente. Más de 27 millones de ciudadanos están llamados a elegir entre 35 candidatos, en un proceso marcado por la fragmentación, la incertidumbre y una desconfianza que atraviesa todos los niveles del Estado.

La magnitud del proceso es inédita. La boleta electoral, considerada la más extensa en la historia del país, refleja una oferta política dispersa, donde conviven figuras tradicionales, outsiders mediáticos, empresarios, exfuncionarios, militares y hasta candidatos con procesos judiciales abiertos. En ese mosaico, ningún aspirante logra concentrar una ventaja clara, mientras una parte significativa del electorado se mantiene indecisa o inclinada a anular su voto.

El contexto en el que se desarrolla la votación es determinante. En la última década, Perú ha tenido ocho presidentes en diez años, una cifra que resume el deterioro de la estabilidad institucional. Destituciones, renuncias y gobiernos de transición han configurado un escenario donde el equilibrio de poderes se ha erosionado de manera sostenida.

Los niveles de confianza reflejan esa ruptura. La aprobación del Congreso apenas alcanza cifras marginales, mientras que la presidencia registra uno de los niveles más bajos de respaldo ciudadano en la región. En este clima, el voto no sólo responde a preferencias políticas, sino también a un desencanto acumulado.

El regreso del bicameralismo

La elección no se limita a la presidencia. Por primera vez en más de tres décadas, Perú renovará un Congreso bicameral, con la elección de 130 diputados y 60 senadores, además de cinco representantes al Parlamento Andino. La reforma busca reconfigurar el sistema político tras años de confrontación entre Ejecutivo y Legislativo.

El restablecimiento del Senado es visto por especialistas como un intento de contener el uso recurrente de la figura de la vacancia presidencial por incapacidad moral, mecanismo que ha sido clave en la inestabilidad reciente. Sin embargo, su efectividad dependerá de la correlación de fuerzas que emerja de las urnas.

Un voto disperso

La atomización de candidaturas es uno de los rasgos centrales de esta elección. Ninguno de los aspirantes supera el umbral del 15% de intención de voto, mientras un amplio sector de la población permanece indeciso. Esta dispersión anticipa un escenario de segunda vuelta altamente competitivo y con resultados impredecibles.

Entre los candidatos destacan figuras como Keiko Fujimori, quien busca nuevamente la presidencia con un discurso centrado en el orden; el empresario Rafael López Aliaga, que propone medidas de mano dura frente al crimen; y el comediante Carlos Álvarez, cuyo ascenso refleja el desencanto con la política tradicional. A ellos se suman exautoridades, empresarios y actores emergentes que fragmentan aún más el panorama.

Seguridad y crimen

La inseguridad se ha consolidado como la principal preocupación de los peruanos. En los últimos años, los homicidios y las extorsiones han registrado incrementos significativos, mientras el crimen organizado amplía su influencia en sectores estratégicos como la minería ilegal.

Este contexto ha llevado a varios candidatos a centrar sus propuestas en medidas punitivas y de control, aunque expertos advierten sobre la falta de planes estructurales para fortalecer las instituciones de seguridad y justicia.

Una elección bajo la mirada global

El resultado de estos comicios no sólo tendrá impacto interno. Perú se ha convertido en un punto estratégico en la disputa geopolítica entre potencias como Estados Unidos y China, especialmente por su peso en la minería y proyectos de infraestructura clave.

El futuro gobierno deberá equilibrar estos intereses en un contexto económico relativamente estable, pero políticamente volátil, donde cualquier decisión puede tener repercusiones más allá de sus fronteras.

Un electorado entre el desencanto y la decisión

El voto joven, que representa una parte significativa del padrón, llega a esta elección marcado por la desconfianza hacia los partidos tradicionales, pero con capacidad de incidir en el resultado. La combinación de apatía, indignación y búsqueda de alternativas configura un comportamiento electoral difícil de anticipar.

La jornada transcurre así entre la expectativa y la incertidumbre. No hay favoritos claros, no hay mayorías definidas y tampoco certezas sobre la gobernabilidad futura.

Más que una elección convencional, la de este domingo representa un punto de inflexión. Perú no sólo elige presidente; intenta redefinir su rumbo tras años de crisis política, fragmentación y pérdida de confianza.

El resultado, cualquiera que sea, enfrentará un desafío inmediato: reconstruir la legitimidad de un sistema que hoy llega a las urnas con más dudas que certezas.

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