T-MEC en la cuerda floja: 2026 será un año de negociación dura, advierte Juan Carlos Baker

Elena Martínez 13 enero, 2026

Baker también abordó las recientes declaraciones del presidente estadounidense, quien calificó al T-MEC como irrelevante

 ©Redes sociales - Será un año clave.

El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En medio de declaraciones confrontativas desde Washington y un entorno político marcado por temas ajenos al comercio, el proceso de revisión o posible renegociación del acuerdo comercial se anticipa como uno de los más delicados desde su entrada en vigor.

Así lo advirtió Juan Carlos Baker, académico de la Universidad Panamericana y ex subsecretario de Comercio Exterior, quien señaló que, aunque México ha trabajado de forma anticipada, el camino estará lleno de tensiones. “Este año 2026 ya lo traíamos muy presente desde hace tiempo, porque se había repetido que vendría esta revisión del T-MEC”, explicó.

Preparación previa, pero sin garantías

De acuerdo con Baker, durante el último año se realizaron consultas públicas, diálogos entre gobiernos y sector privado, así como ejercicios técnicos que permitieron a México llegar con una base sólida al proceso. Sin embargo, subrayó que esto no garantiza un trámite sencillo.

No va a ser para nada un proceso fácil. La volatilidad con la que Donald Trump ha ido planteando las demandas de Estados Unidos deja claro que cualquier cosa puede pasar”, afirmó. Aun así, consideró que el peso económico del acuerdo puede jugar a favor de su permanencia: “La importancia del comercio, las inversiones y los empleos que genera hará que, aunque sea difícil, se llegue a un buen escenario”.

El peor escenario: la desaparición del T-MEC

Ante versiones que apuntan a una posible fragmentación del acuerdo en negociaciones bilaterales, Baker fue contundente al señalar las consecuencias. “Sería una mala noticia para los tres países y también para el mundo, porque significaría seguir desmantelando el sistema de reglas y acuerdos internacionales”, sostuvo.

Para México, el impacto sería especialmente sensible. “Entre 82 y 84% de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos y Canadá”, recordó, al explicar que sin el trato preferencial los productos mexicanos seguirían exportándose, pero a un mayor costo, afectando su competitividad.

Además, advirtió que la desaparición del T-MEC reduciría la atractividad regional para la inversión extranjera. “Muchas empresas de Alemania, Japón o Corea invierten en América del Norte para atender desde aquí a estos mercados; sin el tratado, esas inversiones quedarían en entredicho”.

Trump y la estrategia de presión

Baker también abordó las recientes declaraciones del presidente estadounidense, quien calificó al T-MEC como irrelevante. Desde su perspectiva, los datos contradicen ese discurso. “Entre 30 y 35% de las exportaciones de Estados Unidos van a México o Canadá, lo que representa alrededor de 800 mil millones de dólares”, señaló.

Además, subrayó el impacto laboral: “Hay análisis que hablan de entre 8 y 10 millones de empleos en Estados Unidos directamente ligados a exportaciones hacia México y Canadá”. Por ello, consideró que las declaraciones de Trump forman parte de una táctica negociadora. “Es una estrategia para jugar muy rudo en la revisión, pero no hay que minimizarla”, alertó.

Temas extracomerciales en la mesa

Uno de los mayores riesgos del proceso, según Baker, será la inclusión de asuntos como seguridad, migración, fentanilo y corrupción. “Aunque técnicamente no tienen nada que ver con el comercio, Trump va a usar todos los elementos posibles para presionar a México”, afirmó.

Entre los escenarios posibles, mencionó el endurecimiento del capítulo anticorrupción, restricciones a ciertos productos químicos o límites a inversiones consideradas sensibles para la seguridad estadounidense.

Optimismo moderado y necesidad de flexibilidad

Pese al entorno adverso, Baker se dijo moderadamente optimista sobre la continuidad del tratado. “Desaparecer el T-MEC es el peor escenario posible y los tres países tienen interés en que eso no ocurra”, sostuvo.

No obstante, lanzó una advertencia final: “Toda la preparación nos pone apenas en la línea de salida; lo verdaderamente difícil será ejecutar la estrategia con flexibilidad, porque el proceso nos va a dar más de una sorpresa”.