Diana Belén: Él es Octavio Enrique “N”; la pista que llevó al presunto feminicida y expareja de la activista
Así cayó Octavio Enrique “N”, el presunto feminicida de la activista Diana Belén García Alfaro, quien denunció violencia antes de morir
La historia de Diana Belén García Alfaro no solo es la de una activista dedicada al rescate de animales. Es también la crónica de advertencias ignoradas, denuncias sin respuesta y una violencia que, según colectivos, pudo haberse detenido a tiempo. Hoy, su caso vuelve a sacudir al Estado de México tras la detención de su expareja, Octavio Enrique “N”, señalado como el presunto responsable de su feminicidio.
La captura: el principal sospechoso, su pareja
Octavio Enrique “N”, identificado como pareja sentimental de Diana Belén, fue detenido por autoridades del Estado de México junto con otros dos hombres, cuya posible participación en el crimen aún no ha sido confirmada.
El presunto feminicida fue trasladado bajo un fuerte operativo a la Fiscalía de Asuntos Especiales en Toluca, donde se definirá su situación jurídica, mientras la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) mantiene como principal línea de investigación el feminicidio.
Su detención se concretó horas antes de que colectivos animalistas y organizaciones civiles realizaran una manifestación para exigir justicia por el caso.
Fueron detenidos tres sujetos, entre ellos Octavio Enrique “N”, pareja Diana Belén, señalado como presunto responsable del feminicidio de la rescatista de animales.
— Azteca Noticias (@AztecaNoticias) April 1, 2026
Los implicados fueron trasladados a la Fiscalía de Asuntos Especiales en Toluca, mientras continúan las… pic.twitter.com/ulUsmyOrTS
El hallazgo que desató la indignación
Diana Belén, de 37 años, fue reportada como desaparecida el 19 de marzo de 2026, luego de ser vista por última vez en la colonia Sierra de Guadalupe, en el municipio de Tultitlán.
Un día antes, el 18 de marzo, autoridades habían localizado el cuerpo sin vida de una mujer en la vía pública. Tras la denuncia de desaparición presentada por su madre, se realizó la confronta que confirmó la identidad de la activista. El caso rápidamente generó indignación nacional.
Diana Belén era conocida en su comunidad por su labor como rescatista de animales en situación de calle, a quienes cuidaba con recursos propios en la colonia Buenavista. Su trabajo la había convertido en una figura reconocida entre colectivos y ciudadanos.
Las pistas que llevaron a Octavio Enrique “N”
Las investigaciones apuntaron hacia su círculo cercano. Una de las líneas más sólidas colocó a su pareja como principal sospechoso, especialmente después de que el hombre abandonara su domicilio tras el crimen.
De acuerdo con reportes oficiales, indicios recabados por la Fiscalía lo vincularían con el feminicidio. Vecinos también aportaron testimonios clave. Algunos señalaron que la activista vivía en un entorno de violencia:
“Su pareja la maltrataba… muchas veces sabían lo que le hacía, pero no hacían nada”, relató un habitante de la zona.
Otros aseguraron que los episodios de agresión eran frecuentes:
“Escuchábamos golpes, pero ya no nos metíamos”.
Estos testimonios reforzaron la hipótesis de violencia previa en la relación.
Denuncias ignoradas y señales de alerta
Uno de los aspectos más dolorosos del caso es que Diana Belén había advertido el riesgo que enfrentaba.
Desde 2024, según colectivos, había presentado denuncias por:
Amenazas
Agresiones físicas
Hostigamiento
Violencia vinculada a su labor como rescatista
En redes sociales, la activista también alzó la voz. En publicaciones y videos denunció ataques directos, incluso contra los animales que protegía.
En uno de sus mensajes más estremecedores escribió: “Yo solo espero que de verdad me puedan ayudar para no terminar siendo un número más”.
Días antes de su desaparición, mostró lesiones en el rostro y denunció que varios de sus perros habían sido asesinados, presuntamente envenenados.
En otro testimonio, afirmó: “Me la mataron y nadie nos ayudó… ya van tres”.
Para colectivos, estas señales no fueron atendidas con la urgencia necesaria.
Protestas y exigencia de justicia
Tras la detención, activistas se manifestaron en las inmediaciones de la Fiscalía del Estado de México. La exigencia fue clara: justicia con perspectiva de género.
Denunciaron que, pese a existir pruebas y antecedentes de violencia, las autoridades no actuaron a tiempo:
“Ella acudió a denunciar con pruebas, con lesiones visibles, y aun así fue ignorada; hoy hablamos de un feminicidio que pudo haberse evitado”.
También señalaron que el caso de Diana Belén no es aislado. Quienes se dedican al rescate de animales enfrentan constantemente:
Amenazas
Intimidación
Agresiones físicas
Violencia que puede escalar a delitos mayores
Advirtieron además que el maltrato animal suele ser un indicador de conductas violentas más graves.
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🔴Feminicidio de la activista Diana Belén en #Tultitlán revela violencia por parte de su pareja https://t.co/LNL2fGYC3a
— Guillermo Ortega Ruiz (@GOrtegaRuiz) March 31, 2026
Un problema estructural: violencia sin protección efectiva
El caso también reabrió el debate sobre la efectividad de los mecanismos de protección. Colectivos cuestionaron el funcionamiento de medidas como botones de pánico o restricciones legales que, aseguran, muchas veces no se aplican correctamente.
“¿De qué sirven si no hay respuesta cuando se solicita ayuda?”, reclamaron.
La presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció sobre el caso y reconoció la gravedad de estos hechos: “Son casos muy dolorosos… se denuncia en redes y después lamentablemente viene el homicidio”.
Aseguró que su gobierno trabaja en coordinación con los estados para fortalecer mecanismos de protección, incluso antes de que las denuncias lleguen formalmente a fiscalías.
Una historia que no debió terminar así
La detención de Octavio Enrique “N” representa un avance en la búsqueda de justicia, pero no borra el trasfondo del caso: una cadena de violencia denunciada, visible y, según múltiples voces, no atendida a tiempo.
Diana Belén dedicó su vida a proteger a quienes no tenían voz. Hoy, su historia se convierte en un símbolo más de una realidad urgente: la necesidad de actuar antes de que las denuncias se conviertan en tragedias.
La investigación continúa abierta. Mientras tanto, su nombre permanece en la exigencia colectiva de justicia.
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