El lado oculto del jersey de Adidas: denuncian que pagaban 36 pesos por hora a artesanas mexicanas
La colaboración entre Adidas, la empresa Someone Somewhere y artesanas indígenas de Puebla para crear un jersey de la Selección Mexicana terminó envuelta en denuncias de explotación laboral, pagos mínimos y abuso contra más de 150 mujeres de Naupan
Lo que fue presentado como un proyecto de orgullo nacional y colaboración artesanal para el Mundial 2026 se convirtió en una fuerte polémica que hoy pone bajo escrutinio a Adidas y a la empresa mexicana Someone Somewhere, señalada por presuntas prácticas de explotación hacia artesanas indígenas de la Sierra Norte de Puebla.
La presentación del nuevo jersey de la Selección Mexicana rumbo al Mundial 2026 abrió una discusión mucho más profunda que la moda o el futbol. Detrás de la campaña publicitaria que presumía el trabajo de mujeres indígenas poblanas comenzaron a surgir denuncias sobre presuntos abusos laborales, precarización y control excesivo hacia las artesanas encargadas de bordar las piezas.
La polémica explotó después de que la promotora cultural y creadora de contenido Luz Valdez difundiera testimonios anónimos de mujeres de Naupan, Puebla, quienes participaron en la elaboración de los bordados utilizados en las playeras comercializadas por más de 4 mil pesos.
De acuerdo con las denuncias, la empresa mexicana Someone Somewhere fungió como intermediaria entre Adidas y las artesanas de la Sierra Norte poblana. Sin embargo, detrás del discurso de colaboración social existirían jornadas de trabajo extenuantes, bajos salarios y condiciones laborales cuestionadas por las propias trabajadoras.
Denuncian jornadas largas y pagos de hasta 36 pesos por hora
Según los testimonios difundidos por Luz Valdez y retomados por activistas y especialistas en textil mexicano, más de 150 artesanas habrían trabajado bajo estrictos controles de horario dentro de un espacio adaptado como taller de producción en la Casa de Cultura de Naupan.
Las denunciantes aseguran que en el inmueble público se instalaron oficinas, acceso a internet, mobiliario y relojes checadores para supervisar entradas y salidas, en un esquema que, según las críticas, operaba más como maquila que como taller artesanal.
Las mujeres habrían cumplido jornadas mínimas de cinco horas con apenas una pausa para comer y sin acceso a prestaciones laborales. Incluso señalaron carencias básicas dentro del lugar, como falta de papel sanitario en los baños.
Uno de los aspectos que más indignación generó en redes sociales fue el monto de los pagos. De acuerdo con las denuncias, algunas artesanas recibían entre 25 y 36 pesos por hora de bordado, mientras la playera terminada alcanzaba precios superiores a los 4 mil pesos en el mercado.
Además, si una pieza presentaba errores mínimos detectados por supervisores de calidad, las trabajadoras debían deshacer el trabajo y rehacerlo sin pago adicional. En algunos casos, incluso se les descontaba dinero por prendas rechazadas.
Artesanas tuvieron que aprender técnicas ajenas a su tradición
Otro de los puntos que detonó la controversia fue la acusación de que los bordados utilizados en los jerseys no correspondían a la técnica tradicional de Naupan conocida como pepenado.
Según los testimonios, los diseños ya estaban definidos previamente por el equipo creativo de la empresa y las artesanas únicamente debían replicarlos. Para ello, tuvieron que aprender nuevas técnicas de bordado como punto francés, cadena, arroz y punto atrás.
Las denunciantes sostienen que el bordado tradicional de la comunidad no cumplía con los estándares exigidos por la marca internacional, por lo que las mujeres perdieron libertad creativa y se limitaron a ejecutar patrones previamente diseñados.
Luz Valdez incluso afirmó que algunos diseños fueron creados mediante inteligencia artificial y posteriormente adaptados para su producción textil.
Acusan restricciones y contratos abusivos
La polémica escaló aún más después de revelarse presuntas restricciones laborales impuestas a algunas trabajadoras.
Entre los testimonios difundidos se señala que varias artesanas fueron despedidas por colaborar fuera de horario con otra empresa que supuestamente ofrecía mejores pagos, de hasta 400 pesos por playera bordada.
Además, las mujeres habrían sido obligadas a firmar contratos que les prohibían volver a bordar productos relacionados con Adidas durante cinco años.
También denunciaron la cesión de derechos de imagen sin recibir compensación económica, pese a que fotografías y videos de ellas continúan utilizándose en campañas promocionales y materiales publicitarios de la marca.
Secretaría de Cultura reconoce posibles abusos
Ante la polémica, el secretario de Cultura de Puebla, Fritz Glockner Corte, reconoció que existen empresas que buscan aprovecharse del valor cultural y artesanal de las comunidades indígenas para convertirlo en negocio.
Cuestionado sobre el uso de la Casa de Cultura de Naupan como supuesto taller de producción, el funcionario señaló que la dependencia no tiene facultades para sancionar posibles abusos, aunque aseguró que el gobierno estatal se mantiene atento a cualquier afectación relacionada con patrimonio cultural y artesanías.
🎨 #Cultura | El titular de Cultura en Puebla, Fritz Glockner, señaló que marcas como @adidasMX buscan lucrar con el trabajo artesanal de mujeres de Naupan mediante diseños incluidos en playeras de la Selección Mexicana.
— Exclusivas Puebla (@XclusivasPuebla) May 26, 2026
🧵 Indicó que una declaratoria de patrimonio cultural… pic.twitter.com/82y3HiFRcw
Las declaraciones del funcionario incrementaron el debate en redes sociales sobre la responsabilidad de las instituciones públicas en proyectos privados que involucran trabajo artesanal indígena.
¿Qué es Someone Somewhere?
Someone Somewhere es una empresa mexicana fundada por egresados del Tecnológico de Monterrey: Fátima Álvarez, Antonio Nuño y Enrique Rodríguez.
La marca se dio a conocer como un proyecto enfocado en combinar diseño contemporáneo con técnicas artesanales mexicanas, bajo un discurso de impacto social y comercio justo con comunidades indígenas.
Originalmente llamada Flor de Mayo, la iniciativa comenzó tras trabajos de voluntariado realizados en comunidades de la Sierra Norte de Puebla y posteriormente creció hasta colaborar con cientos de artesanos de estados como Puebla, Oaxaca, Hidalgo, Chiapas, Michoacán y Estado de México.
La empresa asegura pagar hasta tres veces más de lo que normalmente recibe un artesano en el mercado tradicional y ha sido reconocida en distintos foros de emprendimiento social.
Sin embargo, las denuncias recientes han puesto en duda ese modelo y abierto un debate nacional sobre la explotación laboral, el uso comercial de las tradiciones indígenas y la precarización de las comunidades artesanales en México.
Hasta el cierre de esta edición, Someone Somewhere no había emitido una postura oficial sobre los señalamientos difundidos por artesanas y activistas. Tampoco Adidas ha fijado una posición pública sobre las acusaciones relacionadas con la producción del jersey de la Selección Mexicana para el Mundial 2026.
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