¿Prohibir los celulares en las escuelas funciona? Distracción, ciberbullying y ansiedad enfrentan a padres y maestros

Elena Martínez 20 agosto, 2026

La Secretaría de Educación Pública también ha planteado que el debate debe considerar lo que ocurre fuera de los salones

 ©Especial. - Para los especialistas y padres entrevistados, buena parte del desafío seguirá existiendo incluso si los celulares dejan de utilizarse durante las clases.

La posibilidad de restringir el uso de celulares en las escuelas mexicanas abrió un debate que va mucho más allá de mantener los teléfonos guardados durante las clases. Distracciones, ciberbullying, dificultades de concentración y exposición permanente a redes sociales aparecen entre las principales preocupaciones, pero también existen padres que consideran indispensable mantener una vía inmediata de comunicación con sus hijos.

El Gobierno federal prevé definir hacia finales de agosto una propuesta para el ciclo escolar 2026-2027. La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que existe un respaldo cercano al 70% entre madres y padres para regular los celulares durante la jornada escolar, aunque ha insistido en que la decisión debe surgir de una discusión más amplia y no simplemente de una prohibición.

La Secretaría de Educación Pública también ha planteado que el debate debe considerar lo que ocurre fuera de los salones. El objetivo, según la dependencia, es analizar el impacto que los dispositivos, plataformas y algoritmos tienen sobre los hábitos y conductas de niñas, niños y adolescentes, además de construir una política basada en evidencia científica.

Frente a este escenario, Alan Mercado, profesor e investigador en psicología, considera que el camino más adecuado no consiste en eliminar por completo la tecnología del entorno escolar, sino en enseñar a los menores a utilizarla bajo reglas claras. “Yo hablaría más o pensaría más que el objetivo adecuado tendría que ser una regularización más que una prohibición”, explicó en entrevista.

Regular el celular sin convertirlo en enemigo

Para Mercado, uno de los riesgos de una prohibición absoluta es dejar fuera de las escuelas una herramienta que formará parte de la vida cotidiana, académica y laboral de los actuales estudiantes. En ese sentido, considera necesario actualizar lo que se entiende por alfabetización digital.

Durante años, explicó, aprender tecnología significaba saber utilizar una computadora, enviar correos electrónicos o manejar programas como Excel. Actualmente las necesidades son distintas y abarcan desde inteligencia artificial hasta identificación de noticias falsas, fraudes, phishing y funcionamiento de algoritmos.

“La educación ya no tiene que ser memorizar cómo usar un dispositivo, sino diferenciar la información que los dispositivos nos dan”, sostuvo. Su planteamiento es que el teléfono deje de ser visto únicamente como un mecanismo de entretenimiento y pueda utilizarse también como una herramienta educativa supervisada.

“Lo correcto o lo más responsable tendría que ser, en vez de prohibirlo, que lo incorporemos a la educación, pero incorporarlo de una manera ética, de una manera responsable”, señaló.

Mercado advierte que mantener completamente alejados a los menores de los dispositivos tampoco los prepara necesariamente para los riesgos que encontrarán cuando finalmente tengan acceso a ellos. “Es como si metiéramos al niño en una burbuja ajena a la tecnología y de repente, cuando salga de la escuela o ya tenga la edad para ocupar redes sociales, lo avientas de golpe”, explicó.

Profesores advierten distracciones dentro del salón

Desde el aula, sin embargo, los problemas son visibles. Jorge Piña, profesor y padre de familia, asegura que el teléfono puede convertirse fácilmente en un distractor durante las clases.

“He notado que el uso de celular en el aula, más allá de ser algo benéfico, nos da bastantes problemas. Lo primero es la distracción. Hay alumnos que sacan el celular, ya sea para jugar, ya sea para ver redes sociales, estar viendo videos”, explicó. Piña también considera que debe discutirse la edad a partir de la cual resulta conveniente que un estudiante lleve un teléfono propio a la escuela.

“También es importante saber en qué nivel lo podemos ocupar. He visto que niños de primaria ya llevan el celular, lo cual también es un riesgo para ellos”, señaló.

Artemiza Acosta, madre de familia, comparte parte de esa preocupación y considera que durante determinadas etapas educativas existen otras herramientas suficientes para el aprendizaje. “Yo creo que sí los distraen a cierta edad. Yo creo que todavía en secundaria los niños no necesitan un celular, pueden aprender con otro tipo de herramientas”, afirmó.

El ciberbullying no desaparece quitando el teléfono

La discusión también alcanza uno de los principales temores asociados con las redes sociales entre menores de edad, el ciberbullying. Para Alan Mercado, retirar los celulares puede eliminar momentáneamente uno de los canales utilizados para agredir, pero no necesariamente resuelve el problema que provoca esas conductas.

“Si yo no soy formado en valores o en tolerancia, en respeto, voy a ejercer bullying ya sea a través de una pantalla o frente a frente. Eso no va a cambiar. Digamos, lo único que pasa es que el dispositivo se vuelve un canal por el cual lo voy a ejercer”, explicó.

Por ello, sostiene que la educación debería concentrarse no solamente en enseñar a las víctimas a denunciar o defenderse, sino también en evitar que los propios menores desarrollen comportamientos de acoso.

“No que nos enfoquemos únicamente en cómo enfrentar el bullying, sino también tenemos que enfocarnos en ‘oye, tú no seas bully’, generar que nuestros hijos no sean ese tipo de personas”, agregó.

El investigador considera que ahí adquiere importancia la supervisión de los adultos. Dar un teléfono a un menor sin acompañamiento puede abrir acceso prácticamente ilimitado a aplicaciones, conversaciones y contenidos para los que todavía no cuenta con las herramientas necesarias. “El problema es cuando tú agarras un teléfono y se lo das a un niño y le dices ‘toma, entretente y ya’”, señaló.

Redes sociales diseñadas para mantener la atención

Otro de los puntos centrales del debate es la concentración. Mercado advierte que las plataformas digitales no están diseñadas de manera neutral, sino para conseguir que los usuarios permanezcan dentro de ellas durante el mayor tiempo posible.

“Cuando tú te metes a una red social, cuando tú abres TikTok, cuando tú abres una cuenta en Instagram, hay que pensar que tú no eres el cliente, tú eres el usuario. ¿Quién es el cliente? Pues las marcas, quienes le pagan a la empresa para publicitar cosas”, explicó.

Bajo ese modelo, las plataformas compiten permanentemente por la atención de los usuarios. Videos cortos, recomendaciones personalizadas y el llamado scroll infinito facilitan que una persona pase largos periodos consumiendo contenido sin detenerse.

Según Mercado, esto adquiere especial importancia durante la infancia porque la autorregulación todavía está en desarrollo. “Si tú metes a un niño en temprana edad, cuando aún está desarrollando esta autogestión, esta autorregulación, y le metes algo adictivo como las redes sociales, por supuesto que va a ser bien difícil que haga esta autorregulación”, señaló.

El cambio en la manera de consumir información también influye. De buscar información durante largos periodos en libros se pasó a buscadores, posteriormente a videos y finalmente a contenidos capaces de explicar un tema en segundos.

“Hoy en día con TikTok, en 60 segundos, si tú en 60 segundos no explicas lo que tienes que decir, ya no tienes la atención. Está acostumbrando al cerebro a la inmediatez”, explicó. Por ello, Mercado considera necesario establecer horarios y límites claros, particularmente durante la infancia, para evitar que el uso de pantallas desplace otras actividades indispensables para el desarrollo.

Padres también temen perder comunicación con sus hijos

La posible restricción enfrenta otra preocupación que aparece entre las familias. Luz Georgina, madre de familia, considera importante conservar la posibilidad de contactar inmediatamente con sus hijos.

“No estoy a favor de que se prohíban, ya que desafortunadamente vivimos en una sociedad en la que los valores han pasado a segundo plano y creo que es importante poder estar comunicados con nuestros hijos de forma inmediata”, explicó.

Esa necesidad de comunicación también puede estar relacionada con la forma en que los teléfonos transformaron las expectativas de padres e hijos. WhatsApp, ubicación en tiempo real y llamadas permanentes permiten saber casi inmediatamente dónde está una persona y si se encuentra disponible.

Mercado considera que esa facilidad también puede alimentar ansiedad entre los adultos cuando no reciben respuesta inmediata. “Nos acostumbramos tanto a la inmediatez que mando un mensaje, te llamo, estoy ahí. Me hizo saberlo inmediato y si no me contestas empieza a generar ansiedad”, señaló.

Antes de los teléfonos móviles, explicó, los padres dejaban a sus hijos en la escuela bajo la expectativa de que el propio plantel establecería comunicación en caso de una emergencia. Recuperar parcialmente esa confianza podría ser necesario si se establecen restricciones.

Entre sus recomendaciones menciona mantener actualizados los números de contacto en los planteles, conservar abiertas las vías de comunicación entre familias y escuelas y responder llamadas locales durante el horario escolar ante la posibilidad de una emergencia.

La responsabilidad también comienza en casa

Para los especialistas y padres entrevistados, buena parte del desafío seguirá existiendo incluso si los celulares dejan de utilizarse durante las clases. Los estudiantes regresarán a casa y continuarán teniendo acceso a teléfonos, tabletas, videojuegos y redes sociales.

Luz Georgina considera que las familias deben asumir un papel activo frente al contenido que consumen los menores. “Como papás es muy importante estar al pendiente de lo que ven nuestros hijos y de cómo deben usar esta herramienta, que no solamente es diversión ni distracción, sino también puede ayudarlos a aprender”, señaló.

Mercado coincide en que una regulación escolar tendrá efectos limitados si fuera de las aulas los menores pasan varias horas sin supervisión frente a una pantalla. Su propuesta apunta a equilibrar los estímulos durante la infancia. Jugar, correr, dibujar, convivir y desarrollar habilidades motrices deben coexistir con el aprendizaje tecnológico, en lugar de ser desplazados por éste.

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