Olga Wornat revela cómo es “El Mochaorejas” tras 27 años en prisión: “Sigue manteniendo esa mirada fría de acero”
Después de 27 años prácticamente alejado de los reflectores, el secuestrador aceptó conversar con ella desde prisión
La periodista y escritora Olga Wornat logró acercarse a uno de los personajes más recordados de la historia criminal reciente de México: Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”. Después de 27 años prácticamente alejado de los reflectores, el secuestrador aceptó conversar con ella desde prisión para el libro El Mochaorejas, conversaciones desde el infierno, una investigación que reconstruye tanto su historia como las consecuencias que sus delitos dejaron entre sus víctimas.
En entrevista con Guillermo Ortega, Wornat explicó que llegó al caso prácticamente por casualidad mientras investigaba el secuestro de Vicente Fernández Jr. Al revisar la ola de secuestros que golpeó al país durante la década de los noventa encontró referencias a cerca de un centenar de bandas que operaban en aquellos años y decidió profundizar en la historia de Arizmendi.
“Me interesó la historia. Yo siempre metiéndome en zonas así un poco oscuras y difíciles. Me pareció un desafío saber qué podía lograr”, explicó la periodista.
Su investigación no buscaba únicamente reconstruir los delitos por los que “El Mochaorejas” fue condenado. Wornat quería saber qué había ocurrido con él durante casi tres décadas en prisión, pero también conocer el destino de quienes sobrevivieron a sus secuestros y las consecuencias que enfrentaron después de aquellos episodios.
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“Lo primero que me pidió fue plata”
Uno de los primeros obstáculos fue establecer contacto con Arizmendi. Wornat sabía que continuaba encarcelado, pero inicialmente desconocía dónde estaba y tampoco tenía comunicación con sus abogados. Por ello decidió enviarle directamente una carta sin saber siquiera si terminaría en sus manos.
“Voy a mandarle directamente una carta a él. Sin ninguna esperanza de que me contestara, ni que le llegara siquiera”, recordó. La carta sí llegó y “El Mochaorejas” respondió. Su primera propuesta sorprendió a la escritora: quería obtener dinero a cambio de participar en el proyecto y planteó convertir el libro en un negocio compartido.
“Lo primero que me pidió fue plata. Y le dije no. Conmigo no”, relató Wornat. La periodista rechazó cualquier pago y estableció desde el principio las condiciones bajo las cuales realizaría las conversaciones. “Yo por una regla ética personal que tengo, jamás pagué por una entrevista. Nunca. Y esa regla no la voy a venir a romper con usted y menos con usted”, recordó que le respondió. Después de aquel rechazo, Arizmendi dejó de contestar durante un tiempo. Finalmente llegó una nueva carta en la que aceptaba hablar sin recibir dinero y le permitía preguntarle prácticamente cualquier cosa.
Para Wornat, su decisión estuvo relacionada con algo que el secuestrador había perdido durante sus años encarcelado: la atención pública. “Él quería volver a la adrenalina de los reflectores. A él le encantaba que en la televisión, en aquellos tiempos cuando lo buscaban, se hablara de él”, afirmó.
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Olga Wornat describe cómo luce actualmente “El Mochaorejas”
El primer encuentro frente a frente también permitió a Wornat descubrir cuánto había cambiado físicamente el hombre cuya fotografía apareció durante años en periódicos y noticiarios. Lo encontró más delgado, envejecido y completamente sin cabello, muy diferente de la imagen con la que quedó registrado tras su captura.
Sin embargo, la periodista asegura que existe un rasgo que permanece. “Sigue manteniendo esa mirada fría de acero, donde uno puede percibir la maldad. Es malo, no tiene empatía”, expresó. Wornat también reveló que Arizmendi ha establecido nuevas relaciones sentimentales mientras permanece encarcelado. Según lo que pudo conocer durante su investigación, mujeres jóvenes han acudido a visitarlo y algunas han tenido hijos con él.
Para comprender cómo se construyó la personalidad del secuestrador, la autora decidió ir mucho más atrás. Localizó a integrantes de su familia, habló con vecinos y recorrió lugares relacionados con su infancia y juventud en Nezahualcóyotl, Estado de México.
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Una infancia marcada por la violencia
La reconstrucción familiar llevó a Wornat a una historia marcada por pobreza, violencia y ausencia de afecto. De acuerdo con los testimonios que recopiló, el padre de Arizmendi habría secuestrado a quien posteriormente se convertiría en su esposa cuando ella tenía apenas 14 años, la violentó sexualmente y terminó casándose con ella después de que quedó embarazada.
“Era una casa donde nunca hubo amor, nunca”, resumió la escritora durante la entrevista. Uno de sus principales testimonios fue el hermano menor de Arizmendi, quien ayudó a reconstruir la vida familiar. Algo llamó especialmente la atención de Wornat: los cuatro hermanos crecieron en circunstancias similares, pero tomaron caminos completamente diferentes.
Dos lograron estudiar y desarrollar carreras profesionales, mientras Daniel y otro de sus hermanos se involucraron desde jóvenes en actividades delictivas. De acuerdo con la reconstrucción de la periodista, Arizmendi comenzó dentro de una pandilla de Nezahualcóyotl conocida como Los Cuchilleros de Neza. Posteriormente terminó en prisión después de matar con un cuchillo a un integrante de una agrupación rival.
Fue precisamente después de esa experiencia carcelaria cuando su familia comenzó a percibir un cambio. “Aparentemente, por lo que me cuenta el hermano, él regresó de ahí con la mirada cambiada. Era otra persona”, relató Wornat. Después siguieron los robos de vehículos y, posteriormente, los secuestros que terminarían convirtiendo a Daniel Arizmendi en uno de los delincuentes más buscados de México.
Wornat señala una red de protección policial
Otro de los elementos que surgieron durante la investigación fue la posible protección que recibió la organización criminal por parte de integrantes de corporaciones policiacas. Durante la conversación con Guillermo Ortega, Wornat mencionó específicamente a Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, quienes ya formaban parte de estructuras de seguridad durante aquella época.
“No nada más estaban enterados, sino que lo protegían. Lo protegían y los policías del Estado de México”, sostuvo la escritora. Este señalamiento forma parte de lo encontrado por Wornat durante su investigación y de los testimonios recopilados para el libro. La periodista recordó la sorpresa que le provocó encontrar esos nombres al reconstruir hechos ocurridos décadas antes, cuando ambos posteriormente terminarían enfrentando procesos judiciales.
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