De México a Perú e Indonesia: los grandes terremotos de agosto tienen algo en común y no es una coincidencia geográfica

Elena Martínez 20 agosto, 2026

Durante 2026 ya se han producido varios terremotos importantes alrededor del planeta

 ©Redes sociales. - Durante 2026 ya se han producido varios terremotos importantes alrededor del planeta.

Durante las últimas semanas, una sucesión de terremotos de gran magnitud ha puesto la atención sobre la actividad sísmica mundial. México, Colombia, Indonesia y Perú han registrado movimientos capaces de superar o acercarse a la barrera de magnitud 7, una cifra que distingue a los terremotos considerados mayores y que implica una liberación de energía considerablemente superior a la de los temblores que ocurren diariamente alrededor del planeta.

La secuencia llama especialmente la atención por su cercanía temporal. El 17 de julio, un terremoto de magnitud 7.4 ocurrió cerca de Ciudad Hidalgo, Chiapas, y dio paso a una prolongada secuencia de réplicas. Ya en agosto, Colombia fue golpeada por otro terremoto de magnitud 7.4, mientras que pocos días después Indonesia registró uno todavía mayor, de 7.7, seguido de movimientos importantes.

Este 20 de agosto, Perú se sumó a la lista. El Instituto Geofísico del Perú (IGP) reportó inicialmente un terremoto de magnitud 7.2 en la región de Ayacucho, con epicentro a unos 35 kilómetros al norte de Coracora y una profundidad aproximada de 108 kilómetros. La medición estadounidense fue menor: el USGS lo calculó en 6.7, una diferencia que responde a los métodos y datos empleados por cada organismo para estimar la magnitud de un terremoto.

Lo que une estos episodios, por lo tanto, no es únicamente que hayan ocurrido en distintos puntos del planeta durante un periodo relativamente corto. La magnitud es el elemento en común que ha puesto a varios de ellos dentro de una categoría poco frecuente, especialmente cuando se compara con la enorme cantidad de pequeños y medianos sismos que se producen cada año sin provocar daños importantes.

¿Qué significa realmente que un terremoto supere magnitud 7?

La magnitud sísmica no funciona como una escala en la que pasar de 6 a 7 represente simplemente “un punto más”. Se trata de una escala logarítmica, cada incremento de una unidad representa aproximadamente 32 veces más energía liberada. Por ello, la diferencia entre un terremoto de magnitud 6 y uno de 7 es mucho mayor de lo que aparentemente indica el número.

Eso explica por qué alcanzar o superar magnitud 7 resulta relevante. Un movimiento de estas características tiene potencial para causar daños severos, aunque sus consecuencias dependen también de otros factores como la profundidad, distancia respecto de zonas pobladas, características del suelo, duración de la ruptura y calidad de las construcciones. Una magnitud elevada, por sí sola, no determina el nivel de destrucción.

El caso peruano de este jueves es un ejemplo. Aunque el IGP estableció inicialmente una magnitud de 7.2, el movimiento se originó a gran profundidad. Hernando Tavera, presidente ejecutivo del organismo, explicó que precisamente esa profundidad ayudó a reducir su capacidad destructiva. Hasta los primeros reportes no se habían informado víctimas ni daños importantes.

Durante 2026 ya se han producido varios terremotos importantes alrededor del planeta, por lo que la concentración reciente ha alimentado preguntas sobre si la Tierra atraviesa un periodo de actividad fuera de lo habitual. Sin embargo, la aparición de varios terremotos grandes con días de diferencia no demuestra que estén relacionados entre sí ni que uno esté provocando al siguiente.

¿Los terremotos de México, Colombia, Indonesia y Perú están conectados?

Existe otra coincidencia relevante: buena parte de estos países se encuentran alrededor del Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa región donde interactúan numerosas placas tectónicas y se concentra gran parte de la actividad sísmica mundial. Perú, por ejemplo, forma parte de esta franja altamente activa.

Eso no significa que un terremoto ocurrido en Indonesia haya provocado posteriormente otro en Sudamérica o que el movimiento de Perú tenga consecuencias directas para México. Las distancias son enormes y cada evento responde a las condiciones tectónicas de su propia región. La cercanía de las fechas no constituye evidencia de un “efecto dominó” global.

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